No debió irse con las manos vacías de Montevideo por todo el esfuerzo que hizo, pero como en el fútbol gana el que hace más goles, Peñarol aprovechó una ráfaga de dos minutos para quedarse con un triunfo con sabor a demasiado para el Manya. El gusto amargo fue todo de Atlético Tucumán, que perdió 2-1 por la Conmebol Libertadores.

Típico partido de Copa se jugó en el primer tiempo. Metieron, trabaron, se pelearon, disputaron, pero de fútbol nada. Escasearon las opciones de gol, excepto por una gran salvada de Lucchetti ante Villalba cuando se moría la parte inicial.

El complemento si mostró dos equipos que querían ganar con armas nobles. El Decano se puso en ventaja a los 15 minutos, cuando Barbona y Aliendro armaron una linda jugada que derivó en el centro de este último para Menéndez, que le cambió el palo a Guruceaga con un cabezazo implacable. Ese momento no lo pudo aprovechar el equipo de Lavallén, que diez minutos después ya caía 2-1.

Peñarol tuvo la fortuna de su lado cuando a los 21 Lucas Hernández pateó un tiro libre que rebotó en Rosales y descolocó al portero visitante para establecer el empate. A los 23, Gastón Rodríguez pasó por le medio como una tromba y ante la salida de Lucchetti, punteó el balón que terminó empujando con esfuerzo Affonso.

Allí aparecieron Guruceaga y los palos, actores principales para que el Decano no lograra la igualdad. Lo tuvo la Pulga Rodríguez, también Leandro González, los refrescos que puso Lavallén en cancha. En ambas ocasiones los postes dijeron no y el pelado arquero uruguayo también contribuyó. Y así Atlético se fue masticando bronca por un resultado que no estuvo a la altura de lo que realmente mereció.