El Patón no sólo quedó en la historia de San Lorenzo por obtener la primera Libertadores para el club, sino que ingresó al selecto grupo de entrenadores, junto a Bianchi y Scolari, que alzaron en la prestigiosa Copa en dos clubes diferentes.

Del cuestionamiento a la veneración. Estas palabras sintetizan la carrera de Bauza en las instituciones en las que se coronó en certámenes internacionales. Luego de pasar por Rosario Central (subcampeón en la Copa Conmebol 1999 y en el Torneo Apertura 1999), Vélez Sarsfield y Colón de Santa Fe, el técnico decidió intentar instalar su impronta en Sporting Cristal durante 2004 y 2005. Un título local y un segundo lugar en liga peruana empezarían a generar en él una estela de técnico resultadista y sumamente trabajoso en los aspectos tácticos.

Al año se cruzaría con la oportunidad que provocaría un punto de inflexión en su proyección. Liga de Quito lo contrató para reemplazar a Juan Carlos Oblitas, pero las dudas aparecerían de inmediato en la parcialidad alba, consecuencia de presuntos planteos mezquinos y resultados que no llegaban. Sin embargo, las críticas y los pedidos de renuncia fueron desaparecieron a medida que el Patón acomodó al equipo a su estilo. Un conjunto entregado a la marca, pero al juego corto, con delanteros efectivos, y movilidad a lo largo y ancho del campo de juego. Así, 2008 fue el año de coronación internacional: obtuvo la Copa Libertadores al superar por penales al Fluminense en el mítico Maracaná.

En diciembre, Liga de Quito casi alcanza la proeza de levantar el galardón del Mundial de Clubes, aunque un Manchester United recargado –con Wayne Rooney y Cristiano Ronaldo como estandartes- le derrumbó el sueño.
Doce meses de alejamiento de la institución alba le devolvieron al DT las ganas de seguir haciendo historia en Ecuador. No sólo dio la vuelta en el torneo nacional, sino que en la edición de 2010 de la Recopa Sudamericana gritó campeón. Los venideros certámenes no tuvieron los resultados esperados. Liga fue disminuyendo los presupuestos y, tras un tiempo pensándolo, Bauza decidió finiquitar el ciclo a fines de 2013. De este modo, Liga despidió al entrenador más exitoso del país y el primero en obtener, con un equipo ecuatoriano, el certamen más importante de la región.

La chapa conseguida lo pondría nuevamente en carrera, y San Lorenzo sería el destino inmediato. Las presiones serían mayores a las que se encontraba en sus equipos anteriores, ya que el Ciclón venía de celebrar el título local y Juan Antonio Pizzi había decidido llevar su fútbol a Valencia. Además, su llegada para el Torneo Final incrementó un legendario sueño de la parcialidad azulgrana: lograr por primera vez en la historia la Copa Libertadores.

Las diferencias con el técnico antecesor lo pusieron de entrada en cuestionamiento. Si bien el exdefensor comenzó utilizando línea de tres, parecía más seguir un mandato –no tocar lo que estaba bien hilvanado- que una decisión fiel a su propia esencia. En definitiva, en este certamen, el River de Ramón Díaz se quedó con el título, mientras que el Ciclón sólo ocupó un modesto puesto en mitad de tabla. Otra vez, las mismas críticas que recibió en LDU, otra vez cuestionado por supuesta demasiada rigidez y poco riesgo en ofensiva.

En el transcurso de ese campeonato y en el devenir de la Libertadores, el Patón fue encontrando el equipo. Se estableció en un 4-2-3-1, para finalizar en un 4-4-2 que, por oportunidades, plasmaba a Romagnoli como un enlace natural. Las dudas mostradas en un principio se transformaron en certezas y aciertos del entrenador, dado que no le tembló el pulso para cambiar fichas, recuperar al Pipi y darle la titularidad a un Matos que se convirtió en un referente de área, capaz de pivotear y brindarle movilidad al equipo en cada ataque. Con algunas diferencias, pero con muchas similitudes, el exAllBoys se vistió de Barcos o Bieler, piezas fundamentales en el equipo ecuatoriano cuando el técnico del eterno ceño fruncido hizo historia.

Menotti siempre enfatizó que los esquemas no son nada si no se tiene en cuenta los jugadores. Edgardo Bauza pudo encontrarle la vuelta a un sistema que lo incomodaba y hacer que el equipo valga más que un rejunte de nombres. Y además de meterse en la página más gloriosa de la historia de los de Boedo, acumuló un capítulo personal en el libro dorado de la Copa Libertadores: se convirtió en el tercer entrenador en alzarse con el trofeo con dos equipos diferentes, al igual que Carlos Bianchi con Vélez y Boca, y que Luiz Felipe Scolari con Gremio y con Palmeiras. En esta edición, Nacional de Paraguay debió conformarse con el segundo puesto y ahora la pieza más esquiva en la historia de Boedo tiene un merecido campeón: San Lorenzo de Almagro.

Gabriel Alario | @gabialario

Foto: Los Andes