¿Por qué a Independiente se lo conoce como el Rey de Copas? Más allá de haber sido el primer club en llegar a 12 Copas Internacionales -número característico de la carta española que posee un rey-, el apodo remite al fútbol que mostró en toda su historia, a la mística copera que lo llevó a obtener siete Libertadores, al respeto internacional que consiguió, a salir victorioso de verdaderas batallas ante los mejores equipos de la historia como el Santos de Pelé, la Juventus en Italia, el 6-0 al Real Madrid, y otras hazañas que captaron la atención de hinchas y clubes de todo el mundo. Por estas razones, y por muchas otras, Independiente será el Rey de Copas por varios siglos más.

El 19 de octubre de 1974 no fue cualquier día para el hincha de este club. Hace 43 años, ocurrió una de las cuestiones por las que el Rojo obtuvo su merecido apodo: Independiente alcanzaba su tercera Copa Libertadores al hilo, la quinta en toda su historia de cinco finales disputadas. El conjunto de Avellaneda vencía en la final a San Pablo, luego de necesitar un partido desempate para definir al campeón.

Por aquel entonces, la forma de jugar este certamen continental era muy diferente a la actual: se dividía en dos fases y el campeón vigente clasificaba directamente a la segunda. La primera constaba de cinco grupos de cuatro equipos cada uno, y jugaban todos contra todos partidos de ida y vuelta. El primero de cada grupo clasificaba a la segunda fase, donde junto con el campeón de la edición anterior -en total serían seis equipos- formaban dos grupos de tres cada uno, jugando también todos contra todos y con revancha. Los dos primeros de cada grupo jugaban la final, a definirse según los puntos que conseguían luego de disputar un partido de ida y otro de vuelta en sus respectivas canchas; y si igualaban en puntos, sin importar goles a favor, en contra, de visitante o de local, se jugaba un partido desempate en cancha neutral.

Al haber sido quien defendía el título, Independiente clasificó a la segunda fase, donde compartió grupo con Huracán y Peñarol. Allí, empató 1-1 en Parque Patricios ante el Globo y venció 3-2 al Carbonero en Uruguay, en lo que fue la primera ronda. En la vuelta -ambos partidos en la Doble Visera- los Diablos Rojos golearon 3-0 a Huracán y empataron en 1 ante Peñarol, finalizando primeros en su grupo y clasificando así a la final. Del otro lado esperaba San Pablo, que venía de superar a Millonarios y Defensor Lima en su zona.

El partido de ida de la final se llevó a cabo en el Estadio Pacaembú, el 12 de octubre. El conjunto brasileño salió victorioso por 2-1, con goles de Pedro Virgilio Rocha y Mirandinha; Hugo Saggioratto había abierto el marcador para el Rojo.

El defensor de Independiente, el eterno Francisco “Pancho” Sá, en una entrevista hace unos años comentó: “San Pablo siempre fue un equipo grande, poderoso, también el día de hoy. Siempre juega finales. Pero nosotros habíamos marcado nuestro territorio en Copas Libertadores, y siempre fuimos muy difíciles para los brasileños”.

Cuatro días después, se jugó el partido de vuelta. El Rojo debía ganar, no importaba cómo ni cuánto, para poder forzar el desempate previamente planeado a disputarse en Chile. Y cumplió: con goles del “Mencho” Agustín Balbuena y Ricardo “Bocha” Bochini, ganó 2-0 y llevó la final a un partido definitorio.

Refiriéndose varios años después a la obtención de la quinta Libertadores del Rojo, el Bocha comentó: “Del mediocampo para adelante éramos todos pibes que andábamos muy bien, pensábamos como grandes. Cuando empezamos a jugar, sabíamos que teníamos que responder bien, porque Independiente era un equipo al que la gente le pedía ganar la Copa”.

El tercer partido se programó para el sábado 19 de octubre, en el Estadio Nacional de Chile. La sólida defensa de Independiente supo aguantar los ataques brasileños durante los primeros 20 minutos. A partir de una mano de un defensor en el área rival, Ricardo el “Chivo” Pavoni abrió el marcador a los 37 minutos del primer tiempo, de penal, asegurando con un potente disparo al medio del arco. A los 27 del segundo tiempo, el árbitro peruano, César Orozco, sancionó penal para San Pablo. Este fue ejecutado por Zé Carlos y neutralizado con gran esfuerzo por el arquero Carlos Gay. La pelota amortiguada siguió camino a la red, pero el arquero logró incorporarse y la atenazó contra su cuerpo. Esta heroica atajada fue prácticamente la que consagró a Independiente como campeón de América, permitiéndole así al pueblo Rojo ganar 1-0 y celebrar en Avellaneda la obtención de un nuevo título que es claro símbolo de Independiente, el Rey de Copas. Esta sería la tercera copa de cuatro Libertadores consecutivas, siendo el único en conseguir el tetracampeonato.

Ya con la cabeza casi calva, Pavoni describió el momento de su gol: “Fue un córner que tira el Bocha y prácticamente le cae en las manos al defensor (Pablo) Forlán, penal. Yo voy a ejecutarlo, porque era el encargado. Mientras iba caminando a la pelota, sentía cómo el arco se me hacía cada vez más chiquito. Bajo la presión que te hacía sentir la gente, lo pude convertir y ganamos 1-0. Hay que reconocer también que ganamos gracias al penal que contuvo Carlitos Gay, que intuyó bárbaro dónde iba el penal de Zé Carlos”.

Así, Independiente conseguía su tercera Copa Libertadores en fila, logrando ser el segundo club en apoderarse de la copa original para toda la vida, tal como dicta el reglamento. El primero fue Estudiantes de La Plata, al conseguir el tricampeonato en 1968, 1969 y 1970.