La Comisión Directiva de San Lorenzo tiene mucho que ver en la conquista de la Libertadores, pero mucho más en el levantamiento de un club que, hace dos años, estaba en coma. De la gestión pasional de Lammens, al poder y carisma de Marcelo Tinelli.

El 7 de agosto de 2012, una comisión directiva momentánea decidió ponerle fin a los desmanejos en San Lorenzo, recién salvado del descenso por Caruso Lombardi y con un plantel que luchó a capa y espada contra Instituto por la permanencia, y nombró a Matías Lammens como presidente transitorio luego de la renuncia de Carlos Abdo. Casi un mes después, el socio, mediante su sufragio, confirmó la estadía de la mano derecha del empresario y fanático del Ciclón Marcelo Tinelli, y, desde ese momento, comenzó una progresiva escala hacia el éxito.

Poder, dinero, gestión y pasión, son algunos de los aditivos que enmarcaron esta refundación institucional. Los primeros dos van de la mano, y fueron los pesos más significativos, que le aporta el vicepresidente, para equilibrar la balanza. Empleados al día y cumplimiento en el pago de contratos, las primeras cuestiones saneadas que permitieron que San Lorenzo tuviera otra cintura para moverse en un terreno que la nueva dirigencia desconocía: AFA. La gestión encontró en el joven abogado a su protagonista principal, involucrado en el día a día, cerca de las necesidades del hincha, y con un asiduo y constructivo diálogo con la oposición, pieza clave, a través de la Subcomisión del Hincha, para que el club consiga la Ley de Restitución histórica, y dé el primer paso para volver al barrio que lo vio nacer y de donde fue despojado por la última dictadura militar.

Como si se tratase del torneo actual, 2012 fue un período de transición para un club que, de a poco, se desacostumbró a los vendavales que sufría un barco con filtraciones y a la deriva, y se familiarizó con un timón firme que empujó la nave hacia nuevos horizontes. Y la primera vuelta de tuerca importante a nivel futbolístico fue la contratación de Juan Antonio Pizzi como entrenador.

El ruido de la granada, que explotó por la rapidez en que finalizó el ciclo de Caruso y arrancó la del exentrenador de Rosario Central, retumbó en todo Boedo, y dio paso al cuestionamiento por el manejo de la situación. Pero la entendible necesidad de apostar a un cambio hacia el éxito tapó los murmullos, y acentuaron el trabajo del director técnico con la continuidad de jugadores clave como Mercier, Torrico, y la apuesta por Ortigoza para que pudiera pelear el Inicial 2013, que finalmente ganaría.

Pizzi se fue y fueron a buscar al DT indicado para cumplir el máximo objetivo azulgrana: la Copa Libertadores. Llegó Edgardo Bauza, quien heredó el plantel campeón, y quien tuvo la fortuna de que, en un mercado donde lo grandes hicieron agua, San Lorenzo se movió y trajo a Mauro Matos, el mejor delantero del último torneo.

El primer semestre de 2014 encontró al Ciclón definitivamente asentado en la AFA y, como ajedrecista en pos de los intereses de su club -y los personales, por supuesto- Tinelli se reunió con el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, para tener presencia en el Fútbol para Todos. Pero la jugada no la pudo definir, y quedó relegado, herido. A Don Julio no lo convencía, y él habría tenido la iniciativa de bajarle el pulgar.

El torneo pasó, San Lorenzo llegó a semifinales de la Copa Libertadores, y, en ese transcurso, cuatro hechos fundamentales para el club tomaron relevancia. Con el incesante trabajo de la Subcomisión, la institución firmó un acuerdo con el hipermercado Carrefour de Av. La Plata -hogar del viejo Gasómetro- para que minimice su local y le deje espacio al futuro estadio cuervo en las entrañas de Boedo. También levantó el concurso de acreedores que pesaba sobre el club desde 2002, y ya no hubo riesgo de que alguien pidiera la quiebra. La venta de Correa a Atlético de Madrid inundó las arcas del club (junto con la gran campaña para asociar fanáticos a lo largo y ancho del país) y se convirtió en el traspaso más caro en la historia del Ciclón y, a colación, Lammens confirmó que el balance arrojó un superávit de 32 millones de pesos, y una reducción del pasivo de 70.

La última estocada de gestión exitosa antes este último título fue la renovación de Ortigoza, pieza clave en el esquema de Bauza. Además de las negociaciones para que Piatti juegue tres de los cuatro encuentros definitorios antes de partir a Canadá.

Acuerdos con la Ciudad y conversaciones con los otros grandes para marcar agenda en AFA, son algunos de los detalles restantes que terminaron de impulsar políticamente a una Comisión en etapa de madurez. Y el aumento exponencial de la imagen mundial de San Lorenzo a través del Papa Francisco lo instaló definitivamente en el inconsciente colectivo de los argentinos.

Dos años de gestión, dos años de refundación, dos años de promesas cumplidas. La base más ordinaria de la política es la que le termina dando réditos a un club que estuvo al borde del abismo, y que no se cayó gracias a la mano del dinero y del poder, pero también de la pasión que motivó cada acción hasta este logro.

Foto: Twitter: @marianocostas