Vélez se llevó puesto a un Atlético Paranaense, que no ofreció resistencia en el José Amalfitani. Fue 2 a 0 en Liniers con goles de Tobio y Pratto. El equipo del Turu Flores ganó sus primeros dos partidos en la Copa.

A Vélez la Copa le sienta bien. El equipo del Turu Flores volvió a dar muestras -ésta vez de local- que su objetivo primordial es volver a poner al club en lo más alto de Sudamérica. Ante su gente, ganó un partido que desde un principio se le volvió accesible: anuló los circuitos de Atlético Paranaense y se soltó, algo que le está costando en el torneo doméstico. Tobio y Pratto justificaron con goles.

El primer tiempo fue todo del Fortín. Desde la participación de Canteros y las proyecciones de Papa, comenzó a encontrar un ruedo de balón que lo convirtió en claro dominador de los 45 minutos. Sosa prácticamente no tuvo trabajo, y las líneas velezanas, a través de un juego articulado de pases, mantuvieron el peligro alejado del arquero uruguayo. La movilidad de Zárate en ofensiva ayudó la creación de riesgo, pero sería Tobio, a través de una pelota parada, quien convertiría. El defensor luchó contra dos jugadores brasileños y, desde el suelo, remató para dejar sin reacción al arquero.

El complemento arrancó con un Paranaense más inquieto, que parecía no querer llevarse una derrota de Argentina, y llegó varias veces al arco de Vélez, y en un gran lapso manejó el balón a su gusto. Pero el ingreso de Correa, poco después de los 20 minutos, marcó un punto de inflexión en el juego, ya que el Fortín se adelantó y empezó a encontrar espacios antes cerrados, favorecieron sus contraataques.

Por esa vía llegó el gol de Lucas Pratto. El delantero hizo una corrida diagonal entre la zaga de Paranaense y se ubicó en el lugar exacto en el que Romero le ubicó un milimétrico pase. El Oso sólo tuvo que empujarla ante la salida del arquero. El visitante se cayó y se cerró el partido.

El resultado positivo le sirve a Vélez para afrontar los encuentros de visitante con más holgura y, obteniendo otro triunfo, ya podrá poner un ojo en el Torneo Final, en el que está atravesando un momento irregular.