Actitud. Jerarquía. Fútbol. Corazón. De todo un poco tuvo River, que parecía liquidado durante 80 minutos y en los últimos diez logró darle vuelta el partido a Gremio y se clasificó a la final de la Copa Libertadores.

En el primer tiempo, el equipo de Gallardo, que siguió todo desde un palco mientras Biscay daba las indicaciones, tuvo un convencimiento de que podía ganarlo. Maniató a Gremio, contó con varias chances para marcar, pero no pudo plasmarlo en la red. Mientras tanto, del otro lado el conjunto brasileño controlaba a su ritmo.

En la primera llegada clara, Leo Gomes encontró la ventaja para los de Porto Alegre a través de un balón detenido. Ese gol planchó al Millonario, que dejó de tener esa intensidad de los instantes anteriores.

El complemento siguió con la misma tónica. Biscay aplicó variantes (adentro Scocco y Martínez), pero no tuvieron el éxito garantizado, en parte porque Gremio se abroqueló bien y buscaba salir de contragolpe. El ingresado Everton tuvo en sus pies la clasificación, pero Armani salvó y le dio una vida más.

Y esa atajada se transformó en clave, porque en los últimos diez se erigió el milagro. Primero Borré puso la cabeza para igualar e inmediatamente apareció el VAR, ese que tanto criticó el Millonario el año pasado, en una acción que Cunha marcó penal de Bressan por mano dentro del área, una que muy pocos habían visto. Pity Martínez la cambió por gol y así se desató la locura.

En el final solo quedaría aguantar los embates del ahora desesperado Gremio, pero la hazaña ya estaba hecha. River finalista de América y ahora definirá ante Palmeiras o Boca.