Por la ida de las semifinales de la Copa Libertadores, River venció 2-0 a Boca en el Monumental y sacó una buena ventaja pensando en la revancha.

Lo primero que hay que destacar es que el resultado es inobjetable por donde se lo mire. El Millonario estableció una clara diferencia desde el primer minuto. Mucho tuvo que ver que el marcador se abrió a los seis minutos gracias a un penal que, VAR mediante y bien aplicado, anotó Borré. Allí cambió el partido, sobre todo para Boca, que debió salir con otra actitud.

MacAllister exigió desde afuera a Armani y Capaldo erró un gol imposible dentro del área. Pese a necesitar llegar al empate, solo eso generó en el PT. Del otro lado, lo conocido en el equipo de Gallardo: presión constante y asfixiante, hambre para comerse al rival apunto tal de minimizarlo. Todo ese repertorio mostró el local, que recién amplió la ventaja por Nacho Fernández, tras habilitación de Suárez.

Para ese entonces, Alfaro movió fichas (Tevez por Soldano) para quedar 4-4-2 y que Abila dejara de pelear contra su soledad. Pero el segundo gol Millonario otra vez le modificó el libreto a Boca, que de pronto esperaba no recibir más tantos en contra.

Andrada evitó el tercero luego de un remate a colocar de Suárez, Armani mandó al córner un tiro de Capaldo tras una buena maniobra individual de Eduardo Salvio (volvió tras la lesión) y un cabezazo de Ignacio Scocco pasó cerca del palo.

Para el final, la expulsión de Capaldo (otra vez mediante VAR) y el pitazo final de Claus que dejó la sensación de que River quedó muy bien parado para ir el 22 de octubre a la Bombonera. Para Boca, preocupación y obligación de cambiar.