El Ciclón sumó el trofeo que más anhelaba, la espina salió para siempre del alma. El equipo de Boedo cuenta con una historia de lucha, de caída y resurrección, que encuentra con esta Copa Libertadores la coronación que se merece.

“La Copa Libertadores es mi obsesión…” habrá que modificar la canción, San Lorenzo. Quizá el Mundial de Clubes de Marruecos sea ese “chiche” nuevo con el que soñar hasta diciembre. Lo cierto es que hoy el pueblo azulgrana no dormirá, nadie pero nadie parará de festejar esa bendita Copa tan buscada, y obtenida hoy para el gusto de toda su gente. Si, para vos que sabes que la verdadera casa está en Avenida La Plata, tu otra lucha que estás cerca de ganar también. La primera la consiguieron estos muchachos del Patón Bauza, disfrutala, vivíla, amala porque la Copa Libertadores 2014 es tuya San Lorenzo.

El camino se hace al andar. Sin dudas la institución azulgrana sabe bien lo que es vivir paso a paso, construir una historia con el amor a los colores como única bandera. El Ciclón vivió muy malos momentos que quedaron grabados a fuego, sus 106 años conocen grandes triunfos como grandes derrotas también. “Los forzosos de Almagro” nacieron como tales en 1908 pero el padre Lorenzo Massa, uno de sus impulsores del club, se negó rotundamente a tal denominación, por lo que se eligió “San Lorenzo” en homenaje al párroco que había cedido un lugar para la práctica del aún incipiente football. Federico Monti, otro de los fundadores, agregó la aclaración “de Almagro”, lugar geográfico donde se encontraba emplazado el naciente club, límites que fueron modificados con la creación del barrio de Boedo en 1968, sitio con el que a partir de ese momento se identificó a los Santos.

La rivalidad con Huracán comenzó a tomar forma por la cercanía con el equipo de Parque Patricios, convirtiéndose luego en el eterno rival de la parcialidad azulgrana, más allá de su enemistad con Boca Juniors. San Lorenzo captó rápidamente la adhesión de los jóvenes de la zona, quienes se acercaron asiduamente al Gasómetro para presenciar los logros de un equipo que creció en infraestructura y en convocatoria popular. Al primer título profesional de 1933, se sumó un segundo lauro en 1936. “Los Gauchos de Boedo”, denominación que adoptó el incorporar futbolistas del interior de país, decidieron saltar fronteras, y así fue como a fines de 1946 se embarcó en una gira europea hasta febrero del siguiente año. El rendimiento no pudo ser mejor: disputó 10 partidos, venció en 5, empató 4 y sólo cayó ante Real Madrid por 4-2. Su andar produjo una verdadera revolución en tierras españolas y portuguesas, derrotando a la selecciones de ambos países y al Atlético Aviación, conocido luego como Atlético de Madrid, entre otros.

Los motes siguieron apareciendo. Su condición de santo fue remarcada más de una vez, pero empezaron a tallar características diferentes, inherentes a la lucha y a la entrega de sus históricos equipos. “Los Carasucias” hicieron su aparición en 1963, fue un conjunto donde reinaron el desparpajo y los buenos rendimientos los chicos del club, pese a no alzarse ningún título oficial. Narciso Doval, Fernando José Areán, Héctor Veira, Victorio Casa y Roberto Telch fueron verdaderos emblemas, todos ellos futbolistas que se consolidaron en la Primera División sin sentir el peso de la casaca a bastones.

Sin embargo la mejor época de San Lorenzo -¿seguirá siendo consideraba así?- estaba por llegar en 1968. De la mano del brasileño Tim, recordado por su frase de la manta corta, se aseguró el Metropolitano en forma invicta. El elenco fue denominado “Los Matadores” debido a su contundente andar por las cancha, vapuleando a todos sus rivales.

Con la salida del técnico, Juan Carlos Lorenzo tomó la posta en 1972. El Toto regresó a la Argentina luego de un paso por la Lazio italiana. El equipo si bien era más limitado en su juego, mantuvo su fuego letal en la red. El Lobo Fischer demostró una vez más su capacidad goleadora, y con él como actor principal se sumaron dos campeonatos más a las vitrinas: Metropolitano y Nacional de 1972. San Lorenzo se convirtió en el primer equipo en obtener un bicampeonato, asegurando el segundo sin conocer la derrota. La fiesta se repitió en 1974, con otro Nacional, aunque la crisis ya se cernía sobre el conjunto de Boedo.

Los títulos deportivos taparon las malas decisiones administrativas que tomó la dirigencia. El club sumó infinidad de problemas económicos, además del triste destierro sufrido en 1979. Ese año disputó su último encuentro en el Gasómetro, con un pálido empate ante Boca Juniors, un amargo final para la historia iniciada en Avenida La Plata. Una deuda originalmente contraída por el incumplimiento de pago a una empresa privada, y la mano del gobierno de facto para adquirir los terrenos, derivaron en la demolición del mítico recinto para emplazarse un hipermercado, en una maniobra que aún está poco clara. Sin dudas, el hecho de contar con tribunas de madera facilitó la tarea de cierre, situación que habría sido distinta si la estructura se hubiera erigido en concreto.

Foto: Infobae