Todo estaba enmarcado por la hazaña, en el camino habían quedado dos grandes de Argentina: San Lorenzo e Independiente, con previa escala en Barranquilla donde también el Verdão logró imponerse a Junior. La mirada estaba puesta en la cenicienta del torneo y cómo no hacerlo: poco menos de 50 años de historia, cuatro años en la Primera División de Brasil y un montón de sueños que se disfrazaban de verde cuando saltaban a una cancha. La final de la Copa Sudamericana no sería fácil, Atlético Nacional vivía sus mejores años, un plantel mega competitivo que algunos meses antes se había consagrado campeón de la Copa Libertadores. Pero Chape tenía sus fortalezas: equipo compacto, duro de roer y con muchísima solidez en su arquero Danilo.

El 30 de noviembre se iba a disputar la ida en el estadio Atanasio Girardot, y la expectativa crecía en los días previos, pero todo se fue al carajo la noche del 28. El avión que trasladaba a los jugadores, junto a dirigentes y periodistas, se estrellaba en suelo colombiano a las 22.15 y con ello fallecían 71 personas. Cómo explicar el porqué. Pasó un año y la bronca continua, el vacío que quedó en el mundo futbolero no podrá reemplazarse, ni pagando con justicia los injustos que arrebataron con decisiones la vida no sólo de 71 personas, sino de las familias, amigos, conocidos y cada individuo que aquella noche miraba perpleja la noticia en cualquier portal de Internet, canal de televisión o red social.

19 futbolistas, 20 periodistas, 7 tripulantes y 25 entre allegados y dirigentes. Todas esas personas perdieron la vida en el Cerro Gordo a 35 kilómetros de Medellín. Aun hoy no hay nadie preso, recién en diciembre se terminará la investigación y la Aeronáutica Civil de Colombia presentará las causas y los responsables del “accidente”. Al igual que en Superga y Múnich, a la pelota que tantas alegrías regaló se le cayó una lágrima.

El mundo siempre guardará un espacio importante para recordar a las víctimas de aquel accidente, para recordar a aquellos jugadores que ilusionaron a un pueblo con su fútbol y hambre de gloria, para recordar que aquel día el corazón del fútbol de desangró y al día de hoy no ha podido cicatrizar. Eternamente el Chape estará ahí sobrevolando con tristeza y nostalgia los recuerdos de todos los futboleros que hace exactamente un año lagrimeábamos incrédulos ante un televisor.