1 de abril de 2009. Argentina seguía su periplo, complicado si los hubo, hacia el Mundial de Sudáfrica 2010. En la fecha 12 tocaba visitar a Bolivia en La Paz, un escenario que siempre trajo discusiones por la altura y el inmenso desgaste físico. La Selección había derrotado a los del Altiplano en la previa de Alemania 2006 luego de 32 años, pero esa tarde salió todo al revés. El resultado: un categórico 6-1 en contra del combinado que dirigía Diego Maradona.

Carrizo en el arco, Zanetti, Demichelis, Heinze y Emiliano Papa en la defensa; Maxi Rodríguez, Mascherano, Gago, Luis González en el mediocampo y un ataque conformado por Messi y Tévez. Ese fue el once inicial que dispuso Maradona en un partido que arrancó abajo por el gol de Moreno Martins. Sin embargo, el empate de Lucho González daba lugar a la ilusión de volver a conseguir otro buen resultado. Nada de eso pasó, sino todo lo opuesto.

Botero y Alex Da Rosa anotaron sendos tantos para irse al descanso 3-1. Momento ideal para aflojar piernas y arrancar de cero, aún en desventaja, puesto por las dificultades de jugar a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar. Lo que vino fue peor…

“Nos pedían que por favor no hiciéramos más goles, que paráramos para que la derrota no fuera peor”, declaró Marcelo Martins al recordar el partido tiempo después.

Otros dos goles de Botero y el restante de Torrico para el 6-1 final, en una jornada donde la gran figura del conjunto argentino fue, toda una paradoja, Juan Pablo Carrizo. De no haber sido por el uno de River, la derrota hubiera sido más histórica.