La madrugada de aquel 28/11 se escribía una nueva historia negra en el mundo del fútbol cuando se daba a conocer que el vuelo 2933 de LaMia, con todo el plantel del Verdao, había caído en las inmediaciones de Cerro Gordo, jurisdicción del municipio de La Unión, Antioquia (Colombia).

Fallecieron 71 de las 77 personas a bordo, incluyendo futbolistas, cuerpo técnico, periodistas y tripulación. Los únicos sobrevivientes fueron tres jugadores (Jackson Follmann, Alan Ruschel y Helio Neto), un periodista (Rafael Henzel) y dos tripulantes (Ximena Suárez y Erwin Tumiri).

Una tragedia que podría haber sido evitada, ya que poco después del accidente se dio a conocer que las causas fueron negligencias de la empresa aérea, la cual no estaba habilitada. Además, el avión iba con exceso de peso y se había quedado sin combustible por no haber hecho las escalas correspondientes.

Tras la conmoción, Atlético Nacional le entregó la copa a Chapecoense como campeón simbólico. De los tres sobrevivientes, sólo Ruschel pudo volver a vestir la camiseta del club.

Helio Neto, el último en ser rescatado gracias a la insistencia de las personas que ayudaron en aquel momento, volvió a jugar en un partido a beneficio pero por ahora ningún partido oficial.

Finalmente, el caso de Follmann es diferente, ya que perdió su pierna derecha y con ella su sueño de crecer futbolísticamente, pero sigue ligado al club como embajador.

Hoy en día, Chape lucha por mantenerse en la máxima categoría. Porque a pesar de que la Federación Brasileña les ofreció no descender durante dos años, desde el club se negaron y quieren continuar haciéndose de abajo.

Por Camila Pons.