Hay jugadores y jugadores. Están los que nacen en el equipo del que son hinchas, los trotamundos, los que son aplaudidos en muchas canchas, los que prometen volver y lo hacen, y los que no. También hay casos como Sand o el de Lautaro Acosta que la vida futbolistica los hace hinchas de donde juegan. Quienes tuvieron la oportunidad de jugar en muchos lados pero que nunca explotaron como en Lanús.

Lo del Laucha Acosta es particular. Se inició en el Defensores de Glew, el club de su pueblo, pero por la crisis del 2001 su padre quedó desempleado y fue Lanús quien le dio trabajo de mantenimiento y limpieza en el club. Ahí es donde comienza la historia del delantero que debutó en 2006 y al año siguiente se ganó la titularidad y ganó el Apertura, siendo este el primer torneo en la historia granate.

Su alto desempeño, sobretodo la velocidad y sus asistencias, lo pusieron en los ojos del Sevilla que compraron el pase del joven extremo en 11 millones de dólares. Sin embargo, Acosta nunca logró la continuidad deseada y las reiteradas lesiones lo marginaron del primer equipo. Asi fue como tras tres temporadas pasó a préstamo al Racing de Santander en donde fue más regular, pese a que tampocó se destacó. En 2012 regresó a Argentina para vestir la camiseta de Boca y llegana con los argumentos de lo que había demostrado en el granate. Una vez más, no se afianzó en el equipo y en 30 partidos no marcó goles.

Fue punto final de su estadía en el xeneize y se concretó el regreso que toda la ciudad de Lanús ansiaba. A partir de ahí, hubo un quiebre en la linea de tiempo para el Lautaro Acosta.

Con Guillermo Barros Schelotto como técnico se consagró campeón de la Sudamericana 2013, otro hito para el granate, logrando un gran juego colectivo. En 2016, Lanús le ganó la final del torneo en El Monumental por 4-0 a San Lorenzo y concatenó en una seguidilla de títulos importantes. El famoso “Lanús de Almirón” maravillaba en cada partido, era rápido y combinaba la jerarquía de Marcone, el paraguayo Almirón y Román Martínez con la astucia de Acosta y la voracidad de Sand.

El ataque granate se había vuelto letal y lo tenía al Laucha como protagonista y actor principal en una sociedad con el Pepe Sand. A esa conquista se le sumaron la Supercopa Argentina contra River y la Copa del Bicentenario ante Racing. Con mucha entrega haciendo toda la banda para ayudar en defensa, su notable velocidad y asistencia en los golea lo posicionaron a Acosta en la Selección Argentina. Además de ser pretendido, otra vez, por equipos del exterior y San Lorenzo cuando dirigió Almirón.

“Sigo en el club porque tengo un gran sentido de pertenencia, estoy desde los 8 años. Yo acá no juego gratis, cobro y no me falta para vivir. Entiendo la filosofía que pueden tener otros, de ir a ganar lo que creen que se merecen”, dijo poco tiempo atrás el Laucha y agregó: “tener un millón más o un millón menos a mí no me va a hacer más feliz y estos años que pasan quizá los pierda y no los voy a recuperar nunca más”.

Actitudes y hechos como los que priorizó llegaron al corazón del hincha granate que lo reconoce, ama y valora. Así es, ya ingresó en la idolatría y el año pasado hasta le hicieron una estatua de 150 kg.

Con 32 años, todo parece indicar que el Laucha Acosta terminará su carrera en Lanús
y por qué no pensar que siga ligado a la institución.