Y porque si. Porque habían pasado más de 15 años, pero parecía que habían sido solo un par de semanas de ausencia. Lejos y atrás en el tiempo habían quedado los “tire y afloje”, las versiones periodísticas sobre su vuelta, la bronca y los problemas con aquellos que, vaya uno a saber por que razón, estaban enojados con él, con el Payito, más conocido como Pablo César Aimar. Todo eso quedó atrás cuando a los 30 minutos del segundo tiempo del partido ante Rosario Central, Marcelo Gallardo lo llamó y le dijo “entrá”.

Y entró. Y bailó en la cancha. Bailó al compás del fútbol, dando una función y emocionando hasta al más duro de sus detractores. Haciendo, por un rato, lo que más disfrutaba: jugar a la pelota.

“Sentí todas sensaciones lindas. Ahogo, nervios, todo junto. Es difícil dejar de jugar porque extrañás todo esto. Fue algo increíble. Quería que mis hijos vivieran esto, porque nunca me vieron jugar en el fútbol argentino. Soy consciente de la vida que llevé y por eso trato de disfrutarlo. Cumplí un sueño”, confesó Aimar apenas terminó el partido, mientras retumbaba el grito de “Payaso, Payaso” a sus espaldas.

Una larga carrera en Europa y los últimos tiempos de quirófanos y consultas médicas. El tobillo derecho fue su pesadilla de los últimos años, como consecuencia de tres operaciones. Después de la frustrada experiencia en el Johor Darul Tazim FC de Malasia, pensó en dejar el fútbol y volvió a su Río Cuarto natal. Hasta que un llamado de Enzo Francescoli despertó nuevamente al futbolista, que se sumó a la pretemporada. Diez minutos tardaron en ponerse de acuerdo entre Francescoli, Gallardo y Aimar: “Siempre estuvo claro que iba a jugar cuando estuviese al nivel que la camiseta de River merece. Marcelo me dejó claro que no le puedo sacar minutos a alguien que lo merece más que yo. La sinceridad y el respeto siempre están por encima de todo”.

Fueron 16 títulos los que recolectó el “Payasito” en su carrera por River, Valencia, Zaragoza, Benfica, Johor Darul Takzim; seis títulos en River, otros cuatro en Valencia con la obtención de una Copa UEFA de por medio, cinco campeonatos más en Benfica, y una Superliga de Malasia en el Johor Darul Takzim. A todo esto, hay que agregarle sus cuatro títulos Sub-20 con la Selección Argentina. Pero así y todo, ninguno de esos títulos se compara con aquella vuelta, con aquella última función, con aquella vuelta a casa.