El 1° de junio de 1978, aquellos argentinos que podían caminar libremente por las calles se aglomeraron detrás de los televisores y en el mismísimo Estadio Monumental para ser testigos del puntapié inicial de aquella gesta que se terminaría transformando en la primera gran alegría futbolera de nuestro país.

Los crímenes de lesa humanidad y las violaciones a los derechos humanos por parte de la Junta Militar eran comentados y repudiados a lo largo y ancho del mundo. Dadas las circunstancias, ni lerdos ni perezosos, los integrantes del gobierno de facto supieron utilizar el deporte para tapar por un rato todas sus maniobras.

La Ceremonia de Apertura, como sucede generalmente, se utilizó para promover la cultura local y ciertos valores morales. Estuvo cargada de simbolismos y enmarcada por un ambiente festivo que poco tenía que ver con la triste realidad que atravesaba nuestra sociedad por aquellos días. La idea era demostrarle al mundo que Argentina era un país pujante y con esperanzas renovadas.

La inauguración de la Copa del Mundo comenzó con una suelta de globos, como expresión de alegría y libertad. Luego, continuó con marchas y coreografías protagonizadas por más de 2.000 jóvenes vestidos de celeste y blanco. La elección no fue casual, pues la idea era exponer que la disciplina garantizaba un futuro prominente. También hubo una suelta de palomas, universalmente conocidas como un símbolo de paz.

La voz del estadio también se encargó de maquillar la escena: “Esta explosión de alegría que inunda el espacio es la verdadera manifestación de un país que recibe al mundo. Rápidamente con el orden y la disciplina de la conciencia y accionar, una palabra triunfa en el campo de juego: ARGENTINA ’78”.

Posteriormente, llegó el desfile de banderas en representación de los 16 países participantes. Todo fue acompañado con la marcha oficial del Mundial ’78, con letra y música de Martín Darre, miembro de la Banda Sinfónica de Buenos Aires. Las imágenes finales fueron un sol en el centro del campo de juego, y luego el logo distintivo de aquella Copa del Mundo.

El evento tuvo su cierre con los discursos de tres hombres: Gustavo Cantilo, presidente de la AFA, Joao Havelange, presidente de la FIFA, y Jorge Rafael Videla, presidente de la Junta Militar argentina. El Teniente general dejó conceptos como “la confrontación en el campo de juego y la amistad de las relaciones humanas para conseguir la unidad en la diversidad”, y luego se encomendó a Dios: “Le pido a nuestro Señor que este evento sea para afirmar la paz que deseamos en todo el mundo, para que el hombre pueda realizarse con dignidad y libertad”.

Finalmente, un estadio colmado en su capacidad y en de clima festivo, se dispuso a disfrutar del primer partido del campeonato mundial. La pelota comenzó a rodar con el choque entre Polonia y Alemania Federal que, casi como una maldición, terminó sin goles. Al día siguiente, Argentina comenzaría su camino hacia la copa tan deseada, derrotando por 2-1 a Hungría en el mismo escenario.

“Me siento profundamente orgulloso por haber conseguido junto a mis compañeros el primer título mundial para nuestro país. Lo vergonzoso, lamentable y repudiable es que esa sangrienta Dictadura haya utilizado aquella Copa del Mundo para seguir secuestrando, torturando y matando gente”, comentó Ubaldo Fillol, desnudando las sensaciones encontradas que todo un plantel intentaba digerir, sabiéndose la cara opuesta de una Democracia totalmente abatida.

Por Macarena Álvarez Kelly