Es uno de los últimos. Esos de la vieja camada cuando abundaban los Riquelme, Montenegro, Aimar y Romagnoli. De todos esos, hoy se lo disfruta a él: Andrés D’Alessandro. Definirlo como jugador involucra muchos adjetivos, desde lo pícaro hasta lo inteligente y profesional, dentro y fuera de la cancha. Así es como se autodenominó hace poco tiempo: “No puedo ser ordenado en el fútbol y desordenado en mi vida, no, tengo que ser jugador de fútbol las 24 horas. Tanto cuando tengo la camiseta como en mi casa o en un restaurante.”

Se formó en River y su primera aparición fue en el 2000 con el Tolo Gallego como técnico. Le tocó compartir equipos con muchas figuras nacidas en el conjunto Millonario, que también triunfarían en Europa como Ortega, Aimar, Saviola y Cavenaghi. Por lo tanto, sus primeros pasos en el club estuvieron marcados por una línea de juego muy vistosa, efectiva y acompañada por una seguidilla de títulos considerable como los Clausura 2000, 2002 y 2003.

A su vez, su gran rendimiento en el fútbol argentino lo posicionó para integrar la Selección Argentina Sub-20 campeona invicta del Mundial 2001. Allí se vería una muestra más del talentoso número 10 que prometía y tenía con qué. Sus actuaciones y capacidad para asistir lo llevaron a Europa, precisamente al Wolfsburgo en 2003, aunque el Cabezón confiesa que pudo haber ido al Barcelona: “Estuve por ir al Barcelona, en 2001/02, y por cosas del fútbol, de empresarios, no se dio… Nunca lo entendí, pero bueno. En su momento eso me complicó un poco mi carrera, esa confianza que depositaba en el tipo que trabajaba conmigo…. Barcelona hubiese cambiado totalmente mi carrera, pero no puedo reprocharle nada al fútbol”.

Luego de estar en Alemania, tuvo un breve paso en Inglaterra y ya en 2006 se asentó en el Zaragoza hasta 2008, quizás el momento más polémico de su carrera porque volvió a Argentina y no a River, sino a San Lorenzo, pedido por Ramón Díaz para ganar la Libertadores, sueño que se frustró en cuartos de final contra Liga de Quito. Pero antes el conjunto azulgrana eliminó al Millonario con una gran actuación de D’Alessandro y hasta se mostró feliz, lo que derivó en insultos de los hinchas. Una sensación de revancha con Aguilar, quien presidía la institución de Núñez en aquel entonces.

Seis meses más tardes, D’Ale recalaría en el Inter de Porto Alegre, el equipo que lo terminó de marcar como futbolista, en el que es endiosado, cumplió su sueño de ganar la Libertadores en 2010 y hasta es reconocido como ciudadano ilustre. Brasil es el país donde mejor brilló, si bien le costó un poco la adaptación a ese fútbol, es ídolo indiscutido de la institución con la que renovó hasta fines de este año. Eso sí, ve lejano el retiro: “Ni lo pienso, me siento jugador. Voy a jugar por lo menos un año más, y no digo que voy a dejar, pero a esta edad nunca se sabe, entonces prefiero objetivos a corto plazo”.

El cabezón es consciente de que los años pasan y también sabe los sacrificios que hay que hacer para seguir vigente. “Hoy el fútbol te demanda una preparación atlética que hace 20 años no era necesaria, y 20 años antes, mucho menos. Por eso digo que el fútbol cambió, cambió muchísimo. No es fácil jugar 20 años”, reconoce el argentino.

Creador de “La Boba”, otro de los aspectos por los que se destaca Mandrake es por su personalidad, a la que muchos y él mismo la catalogan como de rebelde. “Choqué mil y choco muchas veces, pero prefiero chocar y no condicionarme. Otra cosa no me sale, a veces intento…, pero no soy yo. Hasta mi último día voy a ser yo, y no es que voy peleándome con la gente, pero exijo respeto”. Y agrega: “Si yo no hubiese sido un calentón, por ahí no llegaba”.

Hoy, con 39 años, vivencias, un lado muy caritativo y colaborador con partidos a beneficio, D’Alessandro afirma que, de volver a la Argentina, el único club será River, como pasó en 2016, aunque esta vez sabe que es casi imposible y admite: “River no me necesitaría. ¡Con lo que corre hoy!”.

Reviví el gol de D’Alessandro a The Strongest, en su segunda etapa como jugador de River: