El Alberto J. Armando es posiblemente uno de los estadios que más intimida a los equipos visitantes en todo el mundo. La mística del club, un equipo siempre duro y una acústica digna de un teatro forman la receta perfecta para que los rivales se sientan más visitantes que en cualquier lado.

Pero el estadio es simplemente un terreno de juego. Muchas veces lo de afuera no altera lo que sucede adentro, y eso fue lo que pasó el 5 de mayo de 1996, cuando Gimnasia La Plata logró vapulear por 6-0 a Boca Juniors.

La octava fecha del Clausura del 96’ estaba preparada para que el Xeneize reinagurara el estadio con una fiesta. Las tribunas colmadas de simpatizantes y la organización que había llevado a cabo Mauricio Macri, presidente de Boca en aquel entonces, generaban la expectativa de una tarde de puro color, que el Lobo tiñó de azul y blanco.

El equipo de La Plata no era un rival más. En sus primeras presentaciones desplegó un juego diferente, que lo posicionó en el tercer puesto de la liga. Los dirigidos por Carlos Timoteo Griguol contaban con dos hermanos que brillarían en la Bombonera: los mellizos Barros Schelotto.

Gustavo comenzó la jugada del primer gol con un caño a Fabián Carrizo, la misma sirvió para que Guillermo pusiera el 1-0 ante la salida de Navarro Montoya. El Lobo cumplía con las expectativas de buen juego generadas en la previa, y daba comienzo a una fiesta tripera que sería recordada por siempre.

La danza de goles seguiría en el primer tiempo, donde Guillermo logró un hat-trick y José Albornoz ampliaría la diferencia con una excelente definición ante la salida del portero rival. El de La Plata comenzaba a hacer historia, jugó con precisión y aprovechó todas las dudas que brindaba una defensa rival formada por: Medero, Fabbri, Mac Allister y Vivas.

Dentro de la goleada histórica ocurrió otro de esos sucesos que pasan una vez por década: el Beto Márcico, de penal, puso el 5-0 parcial y recibió una ovación de toda la hinchada rival que, en medio de la tormenta, logró recordar el paso del jugador por su club. Para poner el resultado final apareció Saccone, autor del gol que sirvió para confirmar la victoria más abultada contra Boca en la Bombonera.

Lo ocurrido esa tarde fue tan histórico como inolvidable, porque hasta el día de la fecha nadie pudo hacer lo que hizo el Lobo, sacarle 6 goles de diferencia a Boca Juniors de visitante, en la mística Bombonera.

Por Agustín Castoldi.