Jugar un Mundial es el deseo de muchos pero cada cuatro años, solo 32 seleccionados pueden cumplir ese sueño. Previo al arranque de este prestigioso torneo, cada país debe atravesar un largo camino en la clasificación y Argentina consiguió el boleto para la Copa del Mundo 2010 de una forma atípica. La Albiceleste, aquella que fue campeona en dos ocasiones, no la tuvo para nada fácil y su pasaje a Sudáfrica lo consiguió en la última jornada en Montevideo. Pero un partido antes, el conjunto dirigido por Diego Armando Maradona tuvo una gran batalla ante Perú que aún queda grabada en la memoria de muchos.

A lo largo de las 18 jornadas, el equipo que tenía como gran abanderado a Lionel Messi solamente conoció el primer puesto en dos ocasiones y se dio durante las primeras fechas. En la etapa final, los resultados no acompañaron y la seguidilla de derrotas hacía tambalear el presente de la delegación argentina. La goleada frente a Bolivia en La Paz, y otras tres derrotas ponían en jaque la clasificación al torneo a disputarse en suelo sudafricano. El DT sabía de antemano que los últimos seis puntos debían conseguirse, cueste lo que cueste. Y los primeros tres iban a disputarse ante el conjunto peruano en el Monumental.

Tras la derrota ante Paraguay en condición de visitante que se daba a principios de septiembre, un mes después tenía una gran oportunidad que no debía desperdiciar. Solo existía la obligación de ganar para depender luego de sí misma en el mítico estadio Centenario, ya que en caso de no lograrlo, aparecía la opción de disputar el repechaje algo a lo que no está acostumbrado una de las potencias en este deporte o la eliminación, algo que podría ser aún peor. La diferencia de puntos entre varios seleccionados era apenas de unos pocos puntos y la 17° jornada sería trascendental para el último capítulo de estas Eliminatorias.

Bajo un estadio repleto, la Albiceleste empezaba a jugar sus fichas y rápidamente se hacían presentes las aproximaciones al arco rival. Primero con un remate de Enzo Perez al primer minuto de juego, y luego se presentaron otras situaciones en los pies de Pablo Aimar, Messi, Ángel Di María y Gonzalo Higuaín. Las intenciones estuvieron pero el resultado no se modificó durante toda la primera parte. El 0-0 preocupaba a todos los presentes y una vez que se escuchó el pitazo final de los primeros 45 minutos se hacían oír algunos silbidos. El segundo tiempo era matar o morir, sino la situación iba a complicarse bastante

El segundo tiempo iba a presentar cambios desde el comienzo. Maradona enviaba a la cancha a Martín Palermo en lugar de Enzo Pérez, un cambio que reflejaba un peso más ofensivo y así encontrar el gol que tanto necesitaban. El equipo comandado por José Del Solar asustaba en los primeros instantes con un remate de Juan Vargas, pero rápidamente la balanza iba a inclinarse para el local que rompió el marcador con el gol de Gonzalo Higuaín, quien recibió un pase entrelineas de Pablo Aimar y definió en el área con un remate cruzado. El cronómetro no se detenía, el resultado seguía 1-0 y ahora la lluvia comenzaba a ser otro de los protagonistas de la jornada.

La tenencia de la pelota empezaba a repartirse y la visita se adueñaba cada vez más. Todo parecía que el 1-0 no iba a sufrir modificaciones, y bajo ese diluvio, Perú golpeó duramente cuando restaban segundos para el final del tiempo reglamentario. Un cabezazo de Hernán Rengifo dejaba sin esperanzas al cuerpo técnico, jugadores e hinchas que se ilusionaban con la victoria. La gran cantidad de agua que caía desde el cielo complicaba cualquier intento de juego y Argentina tenía que hacer lo imposible en el tiempo de adición para obtener el milagro en Buenos Aires.

Dos minutos más, el partido concluía al minuto 47 y el local iba por la hazaña en la última jugada. En una de las esquinas se ubicaba Federico Insúa, encargado de ejecutar el córner. Tras una serie de rebotes, la pelota cayó en los pies de Palermo y en el último instante, apareció el histórico delantero de Boca para empujarla al fondo de la red. Nunca se dieron por vencidos y así fue. El Titán de 35 años desataba la alegría de todo un país. Un gol de película, con un escenario de no creer. La lluvia torrencial, la jugada en el último minuto y un festejo desaforado para todos, incluido el propio Maradona que se tiró de palomita en un campo de juego inundado.

Cuando todo parecía perdido, ahí estuvo Palermo, el hombre de los milagros. Aquel que festejó con el torso desnudo, llorando con los brazos abiertos y su mirada al cielo. El ex Villarreal y Betis había grabado su nombre en la historia del Xeneize y ahora llegaba el turno de hacerlo con la Selección, al anotar uno de los goles más gritados y recordados de los últimos tiempos. Fue 2-1 para Argentina y tres puntos importantísimos, que luego iban a ser ratificados ante Uruguay. Con la tranquilidad de ese triunfo, Sudáfrica parecía estar a la vuelta de la esquina, solo faltaban 90 minutos más…