El sueño de la casa propia ya era un hecho. Los largos años de peregrinación por los estadios del fútbol argentino se terminaban para San Lorenzo. La noche de aquel jueves 16 de diciembre quedó inmortalizada en el Bajo Flores y la victoria 2-1 ante los chilenos con goles del Pampa Biaggio y Artime quedaba en segundo plano.

Todo se redimía a la emoción y al anhelo de volver a tener cancha. Atrás quedaban las cargadas folclóricas de los demás equipos y las estadías en Ferro, Atlanta, Boca y Vélez, en donde los hinchas de la V azulada terminaban asociándose a San Lorenzo impactados por lo que generaba. Por lo que los dirigentes de Liniers decidieron no prestarle más el estadio al Ciclón.
“El Nuevo Gasómetro ya está” comenzaba a oírse en tribunas del Pedro Bidegain, bautizado a sí en honor a la notable gestión de aquel presidente del club en 1930, y era un preludio de lo que iba a pasar años más tarde.

Es sabido que San Lorenzo no conoce de utopías y quedaba demostrado una vez más. La construcción del Nuevo Gasómetro fue encabezada por los arquitectos Claudio y Roberto Pando, y Claudio Grimoldi, en conjunto con Astori Estructuras durante la presidencia de Miele y con una capacidad inicial para 40.000 espectadores, dando así lugar al campo de juego más grande de la Argentina.

Años más tarde, con Rafael Savino como máximo mandatario de la institución, iba a tener la ultima ampliación de un semi codo en la popular local para llegar a los 47.000 lugares definitivos.

Hogar de momentos inolvidables como el gol de Capria sobre la hora para ganarle a Boca y llegar al récord de 13 victorias consecutivas en 2001, los festejos de los Clausura y Mercosur 2001, la Sudamericana 2002 y el Clausura 2007 se sumaban al famoso grito de “en cancha nueva otra vuelta quiero dar”. Ni hablar de la definición más infartante, en 2012 contra Newell’s y San Martin de San Juan para salvarse del descenso. Aunque finalmente la gloria definitiva llegaría con la obtención de la Copa Libertadores en 2014.

Muchas son las alegrías y las anécdotas que viven en el Nuevo Gasómetro, que sabe y aguarda por su futuro sucesor ya que en vano no se oye el “ya hicimos dos canchas, vamos a hacer tres”.