En las puertas de la gloria

Un día como hoy, pero 25 años atrás, el Newell’s Old Boys de Marcelo Bielsa caía en la final de la Copa Libertadores de América: en Brasil, ante Sao Paulo y por la vía de los penales.

El 26 de febrero de 1992, los hinchas de Newell’s se acercaron al Coloso del Parque para ver el estreno de su equipo en una nueva edición del trofeo sudamericano más importante. Lo que vieron aquella noche resultó ser una pesadilla: San Lorenzo lo goleó por 6-0 con cuatro tantos de un iluminado Alberto “Beto” Acosta. Después de aquello, era difícil imaginar que La Lepra llegaría a jugar la final.

Pero así fue. Aquel equipo conducido por Marcelo Bielsa estaba acostumbrado a dar que hablar: venía de ser campeón en el Apertura 1990 tras vencer a Boca por penales en La Bombonera. Con casi la totalidad 23 de 25 de jugadores surgidos del club, el club rosarino levantó cabeza en la Libertadores y se ubicó en el primer lugar de un atípico grupo conformado por cinco equipos: Newell’s, San Lorenzo, Universidad Católica, Coquimbo Unido y Colo Colo. Este último era el campeón defensor y, por motivos económicos, había rechazado el beneficio de ingresar en octavos de final.

Un gol de Alfredo Mendoza en Rosario le dio al rojinegro el triunfo ante Defensor Sporting, luego de empatar 1-1 en Uruguay. El rival en cuartos fue un viejo conocido: el Ciclón. Los de Bielsa se tomaron revancha con un 4-0 en el Coloso del Parque y otro 1-1 en condición de visitante.

En semifinales el oponente fue América de Cali. El conjunto colombiano había sido tres veces subcampeón en la década anterior, en una muestra de jerarquía y regularidad. Fueron dos empates 1-1. Mendoza marcó el tanto en Rosario y Mauricio Pochettino hizo lo propio en Cali. Como en La Bombonera ante Boca, las cosas se definirían en una infartante tanda de penales en la que Newell’s volvió a salir victorioso, esta vez por 11-10.

El 10 de junio, los hinchas leprosos se acercaron una vez más a su estadio. Newell’s estaba otra vez en la final de la Copa Libertadores. Cuatro años antes, en 1988, Nacional de Montevideo le había arrebatado el sueño. Ahora el rival era otro grande sudamericano: Sao Paulo. Desde los doce pasos, Eduardo Berizzo marcó el gol que significó el 1-0 para los de Bielsa. Ventaja corta pero ventaja al fin, y a definir las cosas en Brasil. Allí, en tierras cariocas y ante un Morumbí con 105.000 espectadores, los dirigidos por Telé Santana igualaron la serie también por la vía de los doce pasos. Otra vez el destino leproso debió dirimirse en una definición por penales.

Martino era el capitán del equipo.
Martino era el capitán del equipo.

La serie arrancó torcida con el remate de Berizzo que se estrelló en el poste; la ilusión reapareció cuando Norberto Scoponi se quedó parado y contuvo el tiro de Ronaldao. No obstante, el paraguayo Mendoza –goleador del equipo en el certamen- falló el suyo y un joven Cafú marcó para acercarse al primero de muchos títulos. Con toda la presión a cuestas, Fernando Gamboa vio como el arquero Zetti le contenía el último penal de la tanda para que Sao Paulo gritaría ‘campeón de América’, mientras que los de Bielsa se quedaban una vez más a un paso de escribir la página más dorada de su historia.

El último penal de la serie atajado por el arquero brasilero.
El último penal de la serie atajado por el arquero brasilero.

Los once titulares de ese partido fueron Norberto Scoponi; Mauricio Pochettino, Fernando Gamboa, Eduardo Berizzo; Julio Saldaña, Juan Llop, Alfredo Berti; Gerardo Martino; Julio Alberto Zamora, Ricardo Lunari y Alfredo Mendoza.

Por Alan Alberdi. 

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