¿Se imaginan a Liones Messi de un lado del campo de juego y al uruguayo Luis Suárez del otro, jugando para dos equipos argentinos en un Monumental repleto de hinchas riverplatenses y un sector pintado de azul y amarillo por los simpatizantes visitantes? Pues sucedió. No específicamente con ellos, pero si con dos futbolistas con cualidades físicas y futbolísticas similares como Diego Armando Maradona y Enzo Francescoli respectivamente.

En la 16º fecha del Apertura que se disputó el 26 de noviembre de 1995, se enfrentaron River y Boca en el Antonio Vespucio Liberti con el conjunto de la Ribera como puntero absoluto del certamen. El Millonario, que por ese entonces era comandado desde el banco de suplentes por Ramón Ángel Díaz, naufragaba por mitad de tabla a pesar de tener en sus filas a profesionales como Matías Almeyda, Ariel Ortega, Ramón Medina Bello, Hernán Crespo, Lenardo Astrada, Celso Ayala y Germán Burgos, entre tantos otros.

“A lo mejor ni siquiera salen campeones”, declaraba Ramón Díaz con su habitual picardía, cuando al promediar el Apertura 95 un Boca líder, protagonista y colmado de figuras se ilusionaba con dar la vuelta olímpica en el Monumental ya que ostentaba seis puntos de diferencia al segundo, Vélez, a falta de cinco fechas para la finalización del torneo.

Silvio Marzolini contaba con jugadores de la talla de Navarro Montoya, Cristian “Kily” González, Fernando Gamboa, Carlos Mac Allister, Roberto Cabañas y Blas Giunta, en un año electoral que finalizó con Maurio Macri como nuevo presidente de la institución Xeneize.

Pero lo más importante era el duelo entre las dos figuras indiscutibles de cada equipo. El uruguayo había regresado al Millonario hacía poco más de un año, en septiembre del 94, mientras que el Diez, que venía de cumplir la sanción de 15 meses de inactividad impuesta por la FIFA tras el Mundial de Estados Unidos, había pegado la vuelta al conjunto Xeneize a mediados del 95. Era la primera vez que los ídolos de ambas instituciones se enfrentaban en un Superclásico que, con ambos planteles repletos de figuras, prometía ser un show para el recuerdo.

Mucha fue la expectativa de tener a dos de los máximos exponentes del fútbol mundial enfrentándose en tierras argentinas, con equipos repletos de figuras que denotaban un espectáculo inolvidable. De hecho, fue el River-Boca / Boca-River con mayor recaudación de la historia con casi 75 mil personas que dejaron en boletería 1.907.650 pesos convertibles -casi dos millones de dólares por ese entonces-.

Pero no sucedió. El cotejo tuvo un recorrido sumamente aburrido, en el que sólo hubo cuatro situaciones de peligro: un cabezazo desviado del nueve millonario, un tiro libre efectuado por el astro argentino que rozó el parante del poste izquierdo, un disparo del por entonces jovencito Marcelo Gallardo y por último, la oportunidad más importante en los pies de Claudio Caniggia que falló con el arco a su merced.

Crudamente, se podría decir que Francescoli y Maradona aburrieron a todos, pero a pesar de ello, el abrazo eterno que se dieron los emblemas de cada club al finalizar el enfrentamiento quedará en los anales del fútbol argentino y mundial como uno de los encuentros más importantes de la historia.

Quien sí aprovechó el aburrido empate aquel día fue el Vélez de Carlos Bianchi, que con esos dos puntos perdidos por Boca más una racha de seis partidos ganados, terminó consagrándose campeón del certamen.