Ninguna historia de amor es para siempre. Los finales posibles son infinitos y van desde los más felices hasta los más tristes y oscuros. Con el tiempo, solo quedan los recuerdos y las anécdotas. Éste romance no escapa de la realidad.
El 25 de enero de 2015, Juan Román Riquelme anunció que no volvería a jugar al fútbol. Horas antes de dar la noticia, el mundillo futbolero se llenaba de rumores y posibles desenlaces, pero saber con antelación qué iba a decir Riquelme era prácticamente imposible. Saber qué iba a hacer con la pelota, también.
Su última obra no fue con la camiseta de Boca, el club de sus amores. Riquelme llegó a mediados de 2014 a Argentinos Juniors y logró el ascenso a la Primera División. El 7 de diciembre disputó su último partido profesional, aunque nadie sabía que eso estaba pasando. “Ahora quiero estar tranquilo, comer asado y tomar mate con mis amigos”, fueron sus últimas palabras adentro de un campo de juego. Su futuro era incierto y los hinchas Xeneizes se ilusionaban con otro retorno del rey, pero su relación con Daniel Angelici no era la mejor.
El 2014 terminó, pasaron las fiestas y el 10 dedicó su tiempo a comer asados con sus amigos y familiares. A finales de enero, la noticia que nadie quería escuchar llegó: “He tomado la decisión de no jugar más al fútbol”. De esta forma disipó los rumores que lo vinculaban con tantos clubes que lo buscaban. Así, los corazones de los amantes del enganche se rompieron y al día de hoy lo siguen extrañando.
En ese entonces, el nacido en San Fernando tenía 36 años y le ponía fin a una carrera profesional de 18 temporadas. En todo ese tiempo logró ganar, entre otras cosas, tres veces la Copa Libertadores y una vez la Copa Intercontinental, en un inolvidable partido ante Real Madrid en el que se vio una de sus mejores versiones.
Siendo un jugador de categoría internacional, llegó a España para jugar en Barcelona, pero fue en Villarreal donde quedó marcado en la historia. Bajo su conducción, el equipo amarillo llegó a la semifinal de la Champions League, torneo en el que debutaba la institución.
En su vuelta definitiva a Boca, el equipo lejos estuvo de ser la aplanadora de la primera etapa (con el recordado tridente ofensivo Riquelme-Barros Schelotto-Palermo), pero el 10 siguió desplegando sus pinceladas de buen fútbol.
Tras su salida del club de la Ribera, Román le regalo el ascenso al Bicho, quedando “a mano” con el club que lo formó de chico. A pesar de tantas alegrías en una sola carrera deportiva, muchos hinchas todavía no pueden superar la tristeza que generó su retiro.
Por Gabriel Beceyro.