Sergio Batista fue el encargado de conducir a la Selección Sub-23 hacia el bicampeonato olímpico. Con una camada de jugadores excelentes y en gran momento, casi no hubo dudas en el camino de la Albiceleste hacia la final. Los tres mayores de 23 años fueron Nicolás Pareja, Javier Mascherano y Juan Román Riquelme.

El arco estuvo ocupado en un principio por Oscar Ustari, pero tras la lesión en cuartos de final, Sergio Romero se adueñó del puesto, teniendo que ser llamado de urgencia Nicolás Navarro para ser el suplente. El resto del equipo en la final estuvo conformado por Zabaleta, Pareja, Garay, Monzón; Mascherano, Gago; Messi, Riquelme, Di María; Agüero.

Argentina integró el Grupo A junto a Costa de Marfil, Australia y Serbia. Fue Messi el autor del primer gol en el torneo, ante el conjunto africano. No obstante, aquel día debió aparecer Lautaro Acosta para dar el triunfo, 2-1. En el segundo encuentro fue 1-0 con gol de Ezequiel Lavezzi en el tramo final, y el grupo se cerró con un 2-0 a Serbia: nuevamente Lavezzi, esta vez de penal, y Diego Buonanotte fueron los autores de los tantos.

En cuartos de final llegó el partido con más incertidumbre en el recorrido Albiceleste: para batir a Holanda (2-1) los de Sergio Batista debieron esperar hasta el alargue. Messi había puesto el 1-0 y Bakkal había empatado. Fue Di María, a pase de Lionel, el encargado de depositar al equipo en la siguiente ronda. La Verdeamarelha contaba en su plantel con jugadores como Marcelo, Hernanes, Thiago Neves, Anderson, Diego, Ronaldinho, Rafael Sobis y Alexandre Pato. No obstante, aquel día fue “la bienvenida” al torneo para otro crack argentino: Sergio Agüero anotó dos goles cuando su rendimiento estaba en el ojo de la tormenta. Riquelme, de penal, selló la goleada y el pase a la final.

En el partido definitivo se repitió la fórmula del alargue ante Holanda: pase de Messi y buena definición de Di María, pero esta vez el tanto sirvió para el título y la defensa de la medalla de oro, que hasta el día de hoy representa la última conquista de una Selección Argentina. Si se repasan los nombres se encuentra a muchos de los que representaron al país en el Mundial de Brasil de 2014, quienes obtuvieron el segundo lugar: Romero, Zabaleta, Garay, Mascherano, Gago, Messi, Di María, Agüero y Lavezzi.

Riquelme-Messi conducción

Festejan juntos el gol del rosarino contra Costa de Marfil. / Foto: Getty Images.

Aunque muchas teorías se formularon sobre su supuesta relación afuera de la cancha, lo cierto es que la sociedad conformada por Juan Román Riquelme y Lionel Messi resultó un pilar fundamental en la estructura del equipo dirigido por Batista. Ya en la Copa América 2007 habían mostrado algunos adelantos de su entendimiento. Con la conducción de Alfio Basile, la Albiceleste jugó muy bien durante todo el torneo pero tuvo una final para el olvido ante Brasil (0-3) en uno de los primeros dolores de cabeza argentinos en finales.

Riquelme venía de jugar un altísimo nivel con Boca, lo que lo había llevado a ganar la Copa Libertadores 2007, por lo que se ganó el derecho de ser uno de los tres mayores de 23 años y el conductor de un equipo con mucho talento, pero algo falto de pausa. Por su parte, Messi se perfilaba como una de las figuras del nuevo Barcelona conducido por Pep Guardiola. Aquella relación entre el DT catalán y la figura argentina cambiaría el paradigma del fútbol mundial, pero no comenzó de la mejor manera, ya que desde la institución pretendían que Messi no sea parte de los Juegos Olímpicos, pese al explícito deseo del jugador. Apenas una semana antes se llegó a un acuerdo y fue Guardiola el responsable de permitir a Leo unirse a la Selección: “Noté mucha tensión emocional. Vi que se encontraba muy incómodo con la situación, y tampoco era plan de traerlo si tenía la cabeza en Pekín”, expresó Pep. Messi se unió a sus compañeros apenas unos días antes del debut ante Costa de Marfil.

Con el ídolo xeneize como enganche definido y Lionel en su versión de extremo por derecha recortando hacia el centro a pura gambeta, se formó una sociedad de pases en corto, pases milimétricos de Riquelme y rupturas al espacio por parte de Messi. Ambos se potenciaban el uno al otro al combinar a la perfección los momentos de pausa y explosión.

Por Alan Alberdi.