Hace exactamente un año, repasábamos la historia del menor del clan Zárate. El mismo que había rechazado ir a River para volver y ayudar a Vélez, que estaba en una etapa de recambio y en el fondo de la tabla. Aún así, Mauro se cuestionaba el no haber tenido la chance en un grande.

“Me reprocho no haber estado en un equipo grande durante cuatro o cinco años luchando por cosas importantes”, había confesado el delantero. A lo que agregó: “Todavía me mata el tema de la carrera que hice hasta ahora, lo hablo todo el tiempo. No estoy conforme para nada”. Lo cierto es que la tan ansiada oportunidad le llegó y no la dejó pasar. Más allá del dolor que generó en su familia y en los hinchas de Vélez, Zárate se convirtió en jugador de Boca.

Él había prometido que no iba a jugar en otro equipo argentino que no sea Vélez, pero días después de haber arreglado su continuidad en Liniers, retiró sus pertenencias para desembarcar en el club de la Ribera. El atacante pidió disculpas a los simpatizantes, admitiendo que los defraudaba, pero la tentación pudo más. Todo lo que era felicidad para los fortineros, que se ilusionaron con la firma de Mauro por tres años más, terminó de derrumbarse de un momento a otro.

Preguntar el porqué del enojo cuando tu máxima figura puede cumplir uno de sus anhelos suena un poco egoísta, aunque ese cuestionamiento no entra del todo en esta discusión. El principal inconveniente sucedió porque Zárate habló de más, al igual que el caso de Buffarini con San Lorenzo. Aunque esta especie de traición se considera más grave debido a que aquí el jugador surgió del club y además es hincha.

La quema de camisetas y la quita de carteles con su rostro en las cercanías de Liniers fueron el detalle menor de las secuelas que dejó esa decisión. Las declaraciones de su hermano y ex representante Rolando terminaron de esclarecer cómo vivió su entorno más íntimo ese momento: “Siento que me traiciona mi hermano, no el jugador. Mauro es ídolo, es la cara de Vélez, no sé cuántos chicos se tatuaron la cara de Mauro, el nombre. A mí no me entra en la cabeza”.

Con 32 años y una extensa trayectoria en el exterior, en la que sólo se destaca su paso por Lazio, Zárate encontró la manera de reinventar su juego para estar al máximo nivel y hacerse un lugar entre los titulares de Boca a base de goles y de un discreto y alto desempeño. Eso sí, sabe que cuando finalice su vínculo con el Xeneize, las puertas de Vélez ya no van a estar abiertas para recibirlo.

Por Rodrigo Vizcarra.