Corría el año 2006, la Selección Argentina al mando de Pékerman se preparaba para el Mundial de dicho año en Alemania. Ese 1 de marzo, el DT decidió alinear en un mismo 11 a Riquelme, Tevez y un joven que empezaba a brillar en el Barça: Lionel Messi. El rosarino de 18 años esperaba con ansias la gran cita del fútbol, ese día en Basilea y ante Croacia, el futuro crack la rompió y marcó su primer gol con la camiseta de la selección mayor.

Fue antes de los récords insuperables, antes de bailar mil veces al Real Madrid, antes de las finales jugadas, antes de ser el máximo goleador de la historia de la Albiceleste, antes de la crítica desmedida y de la dependencia absoluta.

Parece extraño pero había vida en el fútbol antes de que Messi se convirtiese en el número uno del mundo. Para ese entonces, Leo ya era la gran revelación del fútbol europeo, había sido premiado en 2005 con el premio ‘Golden Boy’ por un medio italiano, que lo había comparado con otras dos futuras estrellas: Cristiano Ronaldo y Wayne Rooney.

Mientras tanto, una Selección Argentina comandada por Pékerman llegaba al Mundial con la esperanza de olvidar el dolor profundo que había dejado aquel maldito 2002 con Bielsa. Si bien el oro olímpico en Atenas y el Mundial Sub 20 conseguido por Messi y compañía generaban ilusiones, la herida de Corea-Japón seguía abierta. Para ello, el entrenador laureado en las categorías juveniles decidió convocar a muchos de los que habían sido “sus pibes”: Cambiasso, Riquelme, Sorín, Saviola, entre otros talentos jóvenes como el de Tevez, Mascherano y otros de experiencia como Ayala y Crespo.

Ya con la Eliminatoria atravesada y los grupos definidos en los fixtures, había que calentar motores. La Albiceleste se probaba ante el combinado croata. Los europeos eran aguerridos, contaban con los hermanos Kovač y una joven promesa llamada Luka Modrić. La cita fue en la fría ciudad suiza de Basilea.

La historia comenzaba torcida, tras un tiro libre al área en forma de centro, Abbondanzieri no podía retener la pelota y Klasnić aprovechaba semejante regalo para marcar el 1-0. Pero Leo empezó a vislumbrarse como la figura del partido, generando el gol del empate, robando la pelota a la salida, buscando y asociándose con Juan Román Riquelme en una pared que lo dejó mano a mano ante Pletikosa, el rosarino la colocó con su pie zurdo y Tevez llegó sobre la línea para empujar y asegurar el tanto. Pudo haber sido ese el primer grito de Messi, pero tendría revancha.

Nuevamente, un error de Croacia en el fondo, virtud del rosarino, que corrió presionó e interceptó la jugada, enganchó para su zurda -como lo haría toda su vida- para colocarla contra un palo y marcar con este golazo la remontada parcial de Argentina. Nada ilusionaba más que el abrazo de gol entre Messi y Riquelme.

Lamentablemente, los croatas marcaron por duplicado sobre el final y se llevaron el triunfo. Pero el crack ya se había llevado los flashes y la aprobación del pueblo argentino.

Una semana después Del Horno le generaría la rotura del bíceps femoral derecho, del cual ya venía tocado, en un encuentro de Champions League y casi lo aleja del Mundial. Leo llegó a tiempo y tuvo en Alemania 2006 su debut mundialista. Esperemos que en 2018 el astro de Barcelona pueda darle una alegría enorme al pueblo argentino. Después de todo lo vivido, nadie merece más una Copa del Mundo que él.