Es sabido que Argentinos Juniors es el semillero más grande del fútbol y cuna de cracks como Maradona, Riquelme, Sorín, Redondo y Ortigoza, por citar algunos ejemplos. Pero también es un club de barrio con una historia que no goza de muchos títulos y cuando toca festejar sucede como con cierta hazaña.

El Clausura del 2010 tenía como favoritos a Estudiantes, que venía de ganar la Libertadores 2009 y matenía la base, y a Independiente que se preparaba para la Sudamericana, así que la aparición de Argentinos Juniors fue una sorpresa. “Sabíamos que no teníamos la obligación porque Estudiantes e Independiente ya estaban en la pelea. Nosotros corríamos de atrás, pero supimos mantener nuestra propia presión y quedamos punteros sobre en final. Esa fue nuestra ventaja”, afirma Gustavo Oberman.

“Los recuerdos son todos lindos. Se dieron las cosas del principio al final tanto en el juego como la buena onda que había en los entrenamientos. Lo disfrutamos”, rememora Cachete aquel torneo que en el que tuvieron un comienzo irregular con seis de 18 puntos posibles. Sin embargo, a partir de la séptima fecha comenzaría a verse otro funcionamiento. El partido bisagra fue el triunfo 1-0 ante Estudiantes con un gol justamente de José Luis Calderón, que se venía de jugar en el Pincha. A partir de ese momento comenzó el sueño.

¿En qué momento se dieron cuenta de que estaban para ser campeones?

No habíamos estado punteros ninguna fecha. Siempre tuvimos la ilusión, pero después de Independiente lo sentimos casi nuestro. Más por como se dio el partido y el carácter que tuvimos. Sabíamos que no se nos podía escapar y cuando perdíamos 3-1 nunca nos dimos por vencidos. Lo empatamos y seguíamos para adelante. Lo pudimos haber perdido en un mano a mano también.

La figura del Bichi Borghi como técnico demarcaba que Argentinos estaba para grandes cosas y más porque era un hombre surgido en el club y estuvo presentes en todas las consagraciones del bicho en la década del ’80. “El Bichi con sus formas que lo caracterizan nos decía que íbamos a pelear, pero viste cómo es que cuando empiezan los torneos, eso te lo dicen mucho. Pero él estaba seguro y convencido y de a poco nos fue llevando para ese lado. Cuando nos vimos ahí arriba sentimos que estábamos para pelear”, confiesa el mediocampista que usaba la número 7.

Calderón que estaba al borde del retiro se sumó para aportar experiencia a un plantel que tenía un doble cinco de lujo con Mercier-Ortigoza, una defensa ensamblada con Próspero, Caruzzo, Gentiletti y Canuto, y un ataque bien compuesto con Coria, Sosa -goleador del equipo con nueve tantos- y Oberman.

¿Cómo era el grupo?

Estaba bien formado con gente de carácter y había muchas amistades. Los que llegaban se amoldaban.  estaban lo que se quejaban si no jugaban. Acompañaban todos y era fundamental para que salgan bien las cosas, porque si los de afuera no están contentos es mas difícil. El grupo humano del cuerpo técnico era muy bueno, te contenían y si hacía falta se ponían a correr con vos. Éramos muy unidos. Hoy en día con los que más me llevo es con la Oveja Prósperi, Caruzzo, Orti y Calderón.

Finalmente, el volante de 35 años explica: “La gente misma toma conciencia de lo que conseguimos y lo difícil que fue. Porque pasa el tiempo y no se consiguen los mismos logros, así que se le da más importancia. Cómo pasó con el grupo del ’85 y ’86, los mejores de la historia, más pasa el tiempo y más conciencia tomamos”.