Luego de la trascendental medalla de oro lograda en Atenas, la Selección Argentina de básquet arribó a tierras asiáticas en busca de reafirmar lo realizado cuatro años atrás. Claro que llegar hasta allí no fue nada fácil. Para ganarse un lugar en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, la Argentina debió quedar entre los dos primeros del Preolímpico FIBA Américas realizado el año anterior, 2007, en Las Vegas. En aquel certamen tuvo que enfrentarse a selecciones fuertes a nivel continental como Puerto Rico, Brasil y Canadá, entre otras; y asimismo frente a los Estados Unidos, quien también tuvo que luchar por un lugar en Beijing ya que no había conseguido clasificarse vía el Mundial de Japón en 2006. Por lógica y poderío deportivo, los estadounidenses iban a quedarse con una plaza, y sólo había lugar para una Selección más: Fue la Argentina quien se quedó con ese puesto.

Ya en Beijing, el inicio de la competencia no fue la deseada. El camino al bronce empezó versus Lituania, que se impuso en ese primer partido entre ambos equipos por 79-75 con un triple sobre el final que sentenció el encuentro. La Argentina supo reponerse de ese traspié e hilvanó una serie de victorias consecutivas en su zona, derrotando a Australia, Croacia, Irán y Rusia, respectivamente. En todos los duelos, resultó vencedor por más de una decena de unidades de diferencia en el tanteador. Accedió a los cuartos de final como segundo de la zona “A”, detrás del verdugo de su debut olímpico, con la ilusión intacta de pelear por una medalla. No obstante, pese a que no está escrito o normado en ningún manual ni reglamentación, toda gesta deportiva memorable debe tener su pequeño sufrimiento. Hay que saber sufrir para significar cada logro. La Argentina padeció los cuartos de final frente a los griegos y recién en el tercer cuarto pasó al frente. La victoria fue ajustada 80-78, por tan sólo un doble, y así se hizo lugar en la semifinal.

Allí esperó el “Dream Team” de los Estados Unidos, que no estaba dispuesto a caer como un 2002 y 2004. Con figuras de elite NBA como Kobe Bryant, LeBron James, Cris Paul y Dwyane Wade, hizo añicos la utopía de repetir lo irrepetible y derrotó a los dirigidos por Sergio Hernández por 101 a 81. La caída, más previsible que increíble, no hubiese dolido tanto de no ser porque en aquel partido la Argentina perdería a Emanuel Ginóbili. El bahiense sufrió una lesión en su tobillo izquierdo apenas corría la mitad del primer cuarto y debió abandonar el juego. El corto plazo entre ese encuentro y el del tercer puesto no dio lugar a la esperanza. Manu tuvo que ver el último partido desde el banco, relegado por la lesión y sin poder entrar ni un minuto en cancha.

El destino quiso que parte de la Generación Dorada tenga revancha, y así dispuso que la definición por el bronce olímpico sea nada menos que ante Lituania, con quien había perdido en primera fase y quien cayera en la otra semifinal vs España. La Albiceleste sacó a relucir su orgullo, su amor propio, pese a no contar con su mejor jugador. Es menester resaltar el gran inicio de juego de dos suplentes, como Paolo Quintero y Leonardo Gutierrez. Entre ambos encestaron cinco triples de seis intentos. El abanderado del fuego sagrado fue Andrés Nocioni. El Chapu tuvo un partido tremendo a pesar de sufrir una tendinitis en su rodilla izquierda y se hizo de 14 puntos. El eterno capitán, Luis Scola, marcó 16 puntos y fue vital hasta que cometió su quinta falta. El goleador argetino de la noche fue Carlos Delfino con 20 puntos.

La Argentina llegó a sacarle a Lituania una diferencia de hasta 24 puntos en el tercer cuarto. El marcador final fue 87 a 75, y así Sergio Hernández, cuerpo técnico y todos sus dirigidos (Fabricio Oberto, Antonio Porta, Román González, Federico Kammerichs, Paolo Quinteros, Juan Gutiérrez, Carlos Delfino, Pablo Prigioni, Emanuel Ginóbili, Luis Scola, Andrés Nocioni y Leonardo Gutiérrez), se quedaron con la medalla de bronce y el histórico podio olímpico consecutivo.

Por Marcos García.