Si en una mesa familiar, en un bar o en una cancha de fútbol se nombra a Martín Palermo, todos los recordarán por sus goles con la camiseta de Boca Juniors. El Titán obtuvo la idolatría del hincha xeneize en base de sus anotaciones. Con la zurda, con la derecha, con los dos pies juntos, colgado del travesaño, de chilena, de cabeza. En torneos locales, en Copa Libertadores o en la Copa Intercontinental. El recordado futbolista que supo tener la 9 en su espalda anotó más de 200 goles a lo largo de su carrera y hace 12 años iba a ser protagonista en un partido con otra de sus locuras, esta vez con un gol desde la mitad de la cancha.

Febrero de 2007. El año recién acababa de comenzar y, a la par, el Torneo Clausura luego del famoso Torneo de Verano. El club de la Ribera arrancaba una nueva ilusión y había sumado puntos en las primeras dos fechas. Primero, goleada ante Banfield para luego repartir puntos frente a Rosario Central. Sumado a esto, en la tercera fecha ya tendría una prueba de fuego. Esta vez se enfrentaba ante Independiente en Avellaneda, pero el escenario sería el estadio del rival de toda la vida del Rojo: el Cilindro de Avellaneda.

Un partido que era para disfrutar. En un banco de suplentes estaba Jorge Burruchaga, mientras que en el otro se encontraba Miguel Ángel Russo. Dentro del campo de juego, figuras en ambos lados. Por el lado de Independiente, Lucas Pusineri y Daniel Montenegro, jugadores que habían sido parte del plantel campeón del Torneo Apertura 2002 de la mano del Tolo Gallego. En la vereda de enfrente, futbolistas con varios títulos bajo el brazo como los casos de Hugo Ibarra, Sebastián Battaglia, Juan Román Riquelme y Martín Palermo.

El encuentro en la cancha de la Academia no iba a comenzar de la mejor manera para los dirigidos por Russo. Independiente comenzaba mejor que su rival y contaba con varias situaciones en los primeros minutos, para luego ratificar su momento con el gol de Emiliano Armenteros a los 22 minutos. A pesar del resultado en contra, el club de la Ribera no se desesperó. Con la presencia de Riquelme y su habilidad característica, la balanza comenzaba a equilibrarse para que luego Neri Cardozo y Rodrigo Palacio marcaran antes de que finalice la primera parte, y así marcharse a los vestuarios con el resultado a favor.

El segundo tiempo no fue nada relajado para Boca, ya que a pesar de haber dado vuelta el resultado, llegaban las malas noticias. A los 13 minutos de la segunda parte, Pablo Lunati le mostraba la tarjeta roja a un joven Éver Banega debido a una dura falta contra el Rolfi Montenegro y dejaba al Xeneize con un jugador menos. Luego, aparecerían las modificaciones y las amonestaciones. El cronómetro seguía avanzando y el resultado seguía sin cambiar, pero todavía le quedaba un capítulo más a la historia de este partido.

Con el marcador a favor del conjunto azul y oro y con diez jugadores en la cancha, Independiente salió desesperado en busca del empate en el tramo final del partido. Se jugaba el tiempo adicional y en el intento de atacar, Guillermo Marino se encontraba con el offside. Tiro libre para Independiente que puso todas las fichas sobre la mesa. El local jugó rápido y Rodrigo Díaz lanzó un pelotazo hacia el arco rival, pero no contaba con la presión de Palermo. La pelota impactó en la pierna del delantero y con la chance servida en la mitad de la cancha, probó al arco. Restaban segundos para el final y la pelota se metió en el arco defendido por Oscar Ustari.

Otro final de película para el “optimista del gol”. En la última jugada del partido, Palermo lo había visto adelantado al arquero de Independiente, y en otra de sus conquistas, hizo gala de su precisión con un golazo de mitad de cancha. Un gol inolvidable para los hinchas del Xeneize, un gol que fue la frutilla del postre para decorar el 3-1 en un clásico ante el Rojo. Su tanto número 157 en Primera División y el séptimo ante Independiente. Números que se iban a ir acrecentando con el correr de los partidos hasta transformarse en el máximo goleador de la historia de Boca.