Antes del estrellato, antes de los grandes logros, antes de que Barcelona sea imbatible, antes de la polarización del fútbol, cuando los récords tenían múltiples dueños y cualquier club podía soñar con ser campeón en España, cuando en Argentina todavía se extrañaba a Maradona… Antes de que Lionel Messi sea un Dios, fue un ser humano, un chico con problemas de crecimiento que ni Newell’s ni River supieron ayudar.

¿Hubiera sido distinta la historia si Leo hubiese debutado en La Lepra? Quizás hubiera integrado el plantel campeón que dirigía el “Tolo” Gallego allá por 2004 y lo habrían buscado rápido de Europa.

La primer camiseta de Lionel fue la del club Grandoli de Rosario.

¿Y si los Millonarios se hubieran hecho cargo del tratamiento? Tal vez, Messi podría haber jugado al lado de Javier Mascherano, Marcelo Gallardo, Fernando Cavenaghi y Radamel Falcao.

Pero no caben dudas, el crack rosarino estaba destinado a jugar en algún gigante europeo. O por lo menos eso es lo que uno podría pensar ahora, viendo en lo que se convirtió. La realidad es que detrás de ese talento innato de Lionel hay mucho, pero mucho sacrificio, tanto de él como de su familia.

Messi era el alma de aquella categoría 87 de Newell’s que daba que hablar. Todas las noches debía inyectarse hormonas para el crecimiento.

La historia de la llegada de Messi al Barça es un cuento en el cual los sueños se cumplen para quien persevera y donde las servilletas se transforman en contratos.

El inicio de esta historia fue el momento en el que la dirigencia de River se negó a pagar las inyecciones de Lionel, que costaban unos mil euros mensuales. A pesar de que en un par de toques ya había deslumbrado a los encargados de las pruebas en Ciudad Universitaria.

Pero los pedidos no escuchados en Argentina resonaron con fuerza en Europa, precisamente en los oídos de Josep María Minguella, ojeador de FC Barcelona, que llamó rápidamente a Carles Rexach, por ese entonces entrenador del club catalán.

El DT se comunicó con la familia del crack para que todos sus miembros viajen 15 días a Cataluña. Un 17 de septiembre los Messi llegaron a Barcelona, con toda la ilusión a cuestas. Mientras esperaba por la tan ansiada prueba, Leo pudo realizar entrenamientos previos con fútbol reducido antes de volver al hotel donde se encontraba alojado.

Cuando la paciencia se había acabado y sus padres hacían las maletas para volver a Rosario, finalmente se concretó la prueba. En el Camp N° 3 y a la vista de Rexach, el pequeño astro mostró lo que para él era normal y para los demás era extraordinario, ese día Leo metió seis goles en un sólo tiempo y tuvieron que sacarlo para equilibrar el encuentro. El catalán se comprometió a llamar a la familia Messi para arreglar el fichaje y con esa promesa regresaban al país.

Casi tres meses pasaron, pero finalmente, en diciembre de 2000, Lionel tuvo su increíble regalo de Navidad en forma de servilleta. Sí, en una servilleta de restaurante el entrenador se comprometía de puño y letra a que el rosarino tuviese su contrato firmado con la entidad Blaugrana, lo cual se oficializó el 1 de marzo de 2001. Para su familia comenzaba un sueño que le costó, en principio, que su madre y sus hermanos viviesen en Rosario, mientras que Leo y su papá Jorge vivían en un departamento rentado por el club.

En La Masía, el astro arrasaba junto a compañeros de la talla de Cesc Fábregas.

La Masía fue el lugar donde el 10 se perfeccionó, donde siguió creciendo y donde se moldeó con el espíritu de juego del Barcelona.

Tras pasar por todas las categorías juveniles del Barça al lado de otros grandes jugadores como Cesc Fábregas y Gerard Piqué, le llegaría el turno del salto a Primera. Inicialmente a través de dos amistosos, ante el Porto usando la 14 que alguna vez usó Johan Cruyff, y también ante Shakhtar Donetsk. Aunque muchos recordamos su primer gol oficial, picándosela al arquero del Albacete tras un exquisito pase de Ronaldinho, que festejó llevándolo en andas. Había nacido una estrella.

Todos sabemos lo que vino después. Lionel Messi no sólo se convirtió en la figurita del momento, reescribió todos los récords y llevó el término “crack” a otra dimensión, creando un estilo propio de gambeta que hoy muchos buscan imitar.

Tal vez Messi podría haber debutado en Newell’s o jugado en River. Tuvo la chance, la decisión y el talento como para jugar en Barcelona y brillar como lo hacía en sus inicios en el Club Grandoli de su barrio.

Muchos se encargaron de criticarlo, de decir que le faltaba pasión, justo a él que ya con ocho años se inyectaba todas las noches para poder crecer. Quienes lo disfrutan quisieran que fuera eterno. En verdad ya lo es, porque ha quedado en la historia para siempre. Y todo comenzó un 17 de septiembre del 2000, yendo a cumplir un sueño.