La Champions League tiene dueño: Liverpool se impuso en el Wanda Metropolitano de Madrid tras un partido deslucido y que entregó poco pero donde sin duda alguna mostró mayor hambre de gloria que su rival.

Sexta conquista de Europa para los de Anfield, que anteriormente habían celebrado en 1977, 1978, 1981 y 1984, con el formato anterior, y en 2005 desde la actual denominación, y que logró quitar la espina de la final perdida el año pasado ante Real Madrid, en una noche pésima de su entonces arquero Loris Karius.

Hoy la revancha para el once de Jürgen Klopp tuvo lugar en el estadio del Atlético Madrid. Curiosamente Allison Becker fue un valor muy alto, frente a un Tottenham que sin intensidad ni rebeldía igualmente logró crear peligro de cara a su valla.

Rápidamente el panorama del juego cambió ya que antes del minuto el juez Damir Skomina sancionó como penal una mano de Moussa Sissoko luego de un centro de Sadio Mané. Fue Mohamed Salah quien tomó la responsabilidad para batir al campeón mundial Hugo Lloris. Desde allí el score aplacó a los Reds y obligó a los de Londres a ir en búsqueda de la ofensiva.

Sin embargo no fue la mejor noche para los intérpretes de Pochettino, que contaron con una ofensiva desconexa con Harry Kane, Delle Alí y Heung-Min Son. En lo que quedó del primer tiempo sólo hubo dos remates lejanos de Alexander Arnold y Andrew Robertson.

La tónica de pocas emociones se mantuvo en el complemento hasta el tramo final, cuando Tottenham se volcó en ofensiva con los ingresos de Lucas Moura y Fernando Llorente. Pero la figura de Allison emergió más de una vez, por duplicado en una jugada ante Son y Moura (el héroe de la semifinal con Ajax), y luego descolgando cada centro que cayó en sus dominios.

Sobre los 87′ llegó el segundo grito definitivo por medio del belga Divock Origi, quien dominó y cruzó perfectamente el balón tras la lucha que protagonizaron Virgil Van Dijk y Joel Matip, además valores altos en defensa.

Final en Madrid y consagración de los Reds, equipo copero como pocos y que de la mano de Jürgen Klopp al fin alcanzó la Orejona que había sido esquiva en 2018.