La cita de Anfield Road tuvo a los portugueses como un cordero a punto de ser degollado por el vigente subcampeón de la Champions League. Claramente, el cuadro de Jürgen Klopp era favorito en los papeles aunque en cancha había que demostrar la superioridad.

El 2-0 fue un resultado justo para un equipo que sólo recibió un acercamiento certero de los Dragones, protagonizado por Moussa Marega, que pudo sorprender a Alisson mediante una volea desde el punto penal. El primer tiempo no tuvo mayores apariciones de los lusos, resignados a observar desde atrás las veloces transiciones de su rival.

El Liverpool siguió con su verticalidad y velocidad habituales, le costaba llegar hasta las cercanías de Iker Casillas pero era consciente que la posesión le pertenecía. La amenaza llegó gracias a Sadio Mané, que picó en posición prohibida antes de que le anularan el gol.

El resto del complemento fue prácticamente un monólogo, el dueño de casa buscó el tercero para sentenciar los Cuartos de final. Pese a no contar con opciones claras, por lo menos vivió tranquilo y aguantando algún contragolpe aislado que jamás llegó. La otra cara de la moneda se verá en unos pocos días, cuando los noventa minutos restantes hagan lo suyo.