Hazaña histórica de Liverpool: el conjunto inglés dio vuelta la serie ante Barcelona, se impuso 4-0 y se clasificó por segundo año seguido a la final de la Champions League.

Era toda una proeza lo que debía realizar el equipo de Klopp y dio la talla ante un blaugrana desconocido, que extrañó horrores a Messi (de flojo partido).

Liverpool debía disimular las ausencias de Salah y Firmino y fue Origi la gran figura con dos goles, el primero y el cuarto, el decisivo, que se generó en una genial avivada a la salida de un córner.

El holandés Wijnaldum aportó los otros dos tantos para así desatar la locura en todo Anfield, extasiados por haber consumado el milagro. Del otro lado, Barcelona quedó preso de la incredulidad total y de padecer lo mismo que en la temporada pasada frente a Roma.