Después de varios meses de agonía, falleció futbolísticamente Parma. Sumergido en una crisis económica, no pudo encontrar acreedores a tiempo y se declaró en bancarrota. Ahora, el club que supo ser Rey de Europa jugará la Serie D y empezará de cero.

En la última temporada, los hinchas de Parma no tuvieron el placer de pensar ni un segundo en el fútbol. El amenazante número rojo que resaltaba en los escritorios del club italiano llamaba la atención de propios y extraños. La historia del “Crociati” recorrió el mundo debido a sus viejas glorias, que ya quedarán como melancólicos recuerdos. Finalmente, fue declarada de manera oficial la bancarrota del club y el automático descenso a la Serie D, la primera liga amateur de Italia, donde deberá empezar desde los cimientos.

La deuda de apróximadamente 1700 millones de euros dejó a la institución en la ruina. En 2003, con la quiebra de la importante empresa patrocinadora Parmalat, empezó la hecatombe financiera. Las malas administraciones y los tratos hechos por debajo de la mesa fueron manchando poco a poco el nombre de Parma, que este 27 de julio cumple (o cumpliría) 110 años de historia. En febrero de 2015, el empresario Giampietro Manenti adquirió el Parma por un euro y prometió salvar al club. Hoy, el fútbol italiano está de luto por la desaparición de una de sus joyas históricas más grandes.

Hernán Crespo, Juan Sebastián Verón, Ariel Ortega y Néstor Sensini fueron algunos de los argentinos que vistieron la camiseta del Parma en sus tiempos de gloria. José Mauri, delantero con nacionalidad Italiana pero nacido en nuestro país, es el único restante en esta triste etapa. Después de la bancarrota, no hay certezas sobre qué pasará con los jugadores, el cuerpo técnico o el propio Crespo, que estaba trabajando en las divisiones inferiores. Lo que sí es seguro es que, los que se queden, deberán desempeñarse en la Serie D, que no es profesional y que, por supuesto, no es paga.

La época dorada del Parma se dio en los años ’90. Ganó tres Copas de Italia (’92, ’99 y 2002), una Supercopa (’99), una Recopa de Europa (’93), dos Copas UEFA (’95 y ’98) y una Supercopa de Europa (’93). Las vitrinas llenas atraían buenos jugadores y esos jugadores imponían el respeto que los demás clubes de la Serie A tenían por la camiseta de este equipo. Hoy, solo quedan cenizas de lo que fue un honorable club de lo más genuino del fútbol italiano.

Foto: Goal Italia