Lejos de los números de Lionel Messi y Luis Suárez en cuanto a goles, inclusive distante a sus estadísticas de las dos temporadas anteriores (39 tantos en 2014/15 y 31 en la 2015/16), Neymar no tuvo un buen cierre de 2016. El delantero convirtió nueve goles en 25 partidos, detrás de los 29 del argentino y 21 del uruguayo. Sin embargo, el receso fue funcional para que crezca su rendimiento en el segundo semestre de la temporada, a pesar de que no exhibiera cambios rotundos desde lo numérico.

El estilo de Luis Enrique empezó a encarrilarse una vez más: directo, sin tanta gestación de juego en la mitad de la cancha, y la veloz transición defensa-ataque volvió a ser el sello del equipo con la mejor delantera del mundo. Esto beneficiaba el juego explosivo de Neymar. Volcado sobre la izquierda se siente feliz, cómodo y con la confianza de partirle la cintura, a pura gambeta, al rival que se plante enfrente. Este inconmensurable talento no es cosa de todos los días. Cuando el brasileño se soltó, las soluciones para Luis Enrique no tardaron en llegar: retrocedió algunos metros para poder trasladar la pelota desde el medio de la cancha, y buscó asociarse más con Messi y con Suárez. Allí empezó a verse la versión 3.0 del brasileño, con regates a pura velocidad cuando hay espacios y, si no los hubiera, crearlos con pases rápidos en sociedad con el argentino y el uruguayo.

La temporada finalizó con números apabullantes desde lo numérico para la MSN: 111 goles (54 de Messi, 37 de Suárez y 20 de Ney), mientras que en asistencias se repartieron de la siguiente manera: 27 del brasileño, 20 del uruguayo y 19 del argentino, dando un total de 66. Las estadísticas parecen insuperables, pero si se consideran las tres temporadas, fue las más flojita: la primera juntos (2014/15) muestra 122 goles y 66 asistencias. Por su parte, la 2015/16 fue escandalosamente la mejor con 131 goles (59 de Suárez, 41 de Messi y 31 de Neymar), completándose con 79 asistencias. Todos estos números sobre un total de 110 partidos, aunque mientras los tres estuvieron en el verde césped consiguieron 228 goles, un cada 39 minutos.

Jugaron juntos desde la temporada 2014/2015.
Jugaron juntos desde la temporada 2014/2015.

Está a las claras que las estadísticas son asombrosas, que inclusive en su peor temporada y sin poder ganar la Liga ni la Champions, la MSN se sostuvo como la mejor delantera del mundo a fuerza de goles y de juego. Los tres aportan soluciones constantemente. En el caso de Neymar, se ve claro en sus números que debió reinventarse, cambiar para poder coexistir con su amigo argentino. Las asistencias, de 11 en la primera temporada de la MSN a 27 en la última, y los regates se convirtieron en sus características más importantes.

A modo sintético, en números el Barsa pierde a quien en cuatro temporadas convirtió 105 goles sobre 186 partidos (173 como titular). 415 fueron los pases que entregó el brasileño que luego se transformaron en remates al arco, 624 recuperaciones de pelota y 740 regates. Sus porcentajes en esta última arista han ido creciendo, ya que logró un 50% de efectividad en regates, lo cual también generó 186 faltas.

El partido ejemplo de lo que pudo aportarle al Barsa fue justamente ante París Saint Germain en la llave de cuartos de final de la Champions League, encuentro que él definió así: “El mejor partido que he jugado. Por la historia, por los goles, por los equipos que éramos”. Fue aquella increíble hazaña del 8 de marzo en la que los dirigidos por Luis Enrique lograron revertir una contienda desfavorable que había iniciado 4 a 0 para los parisinos en Francia, pero que los encontró vencedores por 6 a 1 en el Camp Nou sobre el final del partido con un gol de Sergi Roberto. Ese día, Neymar mostró que él puede ser quien marque la diferencia: la pidió siempre y encaró sin miramientos a quien se interpusiese entre él y el arco. Ni Lucas Moura, ni Thomas Meunier o Marco Verrati pudieron frenar la furia futbolística del capitán de la selección brasileña, que revivió a un equipo que estaba perdido en los toques sin profundidad de la mitad de la cancha y que no podía crear espacios para que Suárez y Messi se luzcan. Él logró equiparar todo eso con frescura, velocidad, muchísimo talento, dos goles y dos asistencias. Quizás aquí se originó la historia entre Neymar, jugador que sabe que puede ser el más importante del plantel, y PSG, gran equipo que requiere de un talento como el de Ney para poder colarse en una final de Champions. Quizás allí se dieron cuenta de que estaban destinados a ser uno en algún momento.

Ney siempre fue importante en los partidos claves sea en un derbi o en una llave de Champions, porque su juego obligaba a los mediocampistas rivales a no soltarse en ataque, ya que debían darle una mano al pobre defensor que le tocaba bailar samba al ritmo del brasileño. Y sino pensemos en la fase en la que el conjunto de Luis Enrique quedó fuera de la última Champions frente a la Juventus: posiblemente sea el partido en el que menos atacó Dani Alves, tuvo que encargarse de su amigo todo el partido. Hoy volverán a vestir los mismos colores.

El sector izquierdo del club blaugrana no podrá ser el mismo sin Neymar, pero también ésta salida le abre una puerta a Valverde para comenzar a demostrar si realmente está preparado para hacerse con el vestuario del Barsa. Lo cierto es que pierde a un jugador desequilibrante como ningún otro en el mundo. Podrán ser Griezman, Dybala, Hazard o Coutinho quienes intenten ocupar el vacío que deja el brasileño, pero ninguno es extremo izquierdo, ni posee la técnica de regate o la velocidad para atacar espacios, argumentos con los que el “11” dio cátedra en el Camp Nou.

El olor que sobrevuela Barcelona es el de cierre de una gloriosa época: la MSN disuelta, pocos minutos de Iniesta, caras nuevas en el banco de suplentes. Un nuevo equipo catalán se avecina sin el 4-3-3 que tanto se ha usado en los últimos años. El 4-2-3-1 parece ser la receta que Valverde intentará imponer, pero Neymar ya no estará allí para romper caderas con regates o abrir partidos con la delicadeza de un artista. Barcelona está triste. El fútbol también.