Real Madrid se consagró por tercera vez seguida campeón de la Champions League tras vencer en la final a Liverpool por 3-1 en Kiev, Ucrania.

Fue un final con muchos matices, especialmente por lo sucedido en el segundo tiempo. Durante los primeros 45 minutos, el conjunto inglés manejó mejor la pelota y causó zozobras por momentos en el fondo de un Madrid que no se hallaba en la cancha. Hasta la media hora, hubo solo un equipo en cancha, pero una jugada modificó drásticamente el rumbo del juego: la lesión de Salah. El egipcio se lastimó uno de sus hombros en una disputa con Sergio Ramos y debió salir (hasta corre riesgo su presencia en el Mundial).

Allí, Liverpool se pinchó y le costó volver al partido. De hecho, Lallana no aportó soluciones y solo Mané se puso el equipo al frente.

El arranque del segundo tiempo fue la punta del iceberg para los de Klopp. A los cinco, Benzema peleó una pelota que le quedó al arquero Karius, que sacó con el pierna del francés encima y el balón mansamente le rebotó e ingresó al fondo del arco. Increíble gol para abrir un partido difícil.

Mané igualó rápidamente y parecía que la reacción podía darse, pero Bale, recién ingresado, ensayó una fantástica chilena en la primera jugada suya y marcó el 2-1.

Con un Cristiano apagado, el Merengue buscó liquidar el partido mediante su arma predilecta, el contragolpe, y lo logró, pese a que en el medio debió pasar un par de sofocones (un remate al palo de Mané, lo más claro). Y otra vez apareció Bale, y otra vez apareció Karius. Débil remate del galés y peor resolución del portero, quien puso mal las manos y la pelota de vuelta al fondo de la red: 3-1 y nada más que hacer.

Real Madrid contó con la suerte de aliada y con un arquero que flaqueó en jugadas claves, como en la semifinal ante Bayern Munich. Liverpool se entregó y todo terminó. El Merengue es tricampeón, ganador de la 13ra Orejona y Zidane se rebela como un ex