Cuando a mediados del año pasado el Paris Saint Germain anunció la contratación de Thomas Tuchel, nadie cuestionó la muy buena decisión de la comisión directiva parisina. Su notable labor tanto en el FSV Mainz 05 como en el Borussia Dortmund –ciudades donde construyó equipos tan vistosos como luchadores y eficientes– le permitió llegar a la ciudad de las luces con cierto margen de error.

Desde la llegada de Nasser Al-Khelaifi a la dirección del club ocho años atrás, hasta el día de la fecha el fondo de inversión qatarí ha gastado, sin éxito, más de un billón de euros en materia de incorporaciones con el objetivo de extender su reinado a nivel continental. Por el banquillo pasaron Carlo Ancelotti, Laurent Blanc y Unai Emery, consiguiendo todos ellos sostener el dominio interno pero sin poder superar los cuartos de final de la máxima competencia europea a nivel de clubes.

¿Cómo hizo el nacido en Bavaria para convertir a un grupo de grandes estrellas en un equipo voraz, vistoso y amenazante en todos los sectores del campo de juego? La respuesta simple es que logró encontrarle la vuelta a lo táctico saliendo del clásico binomio entre el 4-2-3-1 y el 4-3-3 en el que los tres entrenadores previos se enredaron. Sin obviar la velocidad y el talento de los nombres propios, priorizó la estructura general: le dio músculo al mediocampo, apostó a la solidez y simpleza para la defensa y renovó la inventiva en ataque.

La actual temporada de la Ligue 1 encuentra al PSG en la cima con 71 unidades sobre 78 posibles, una cifra que no tiene comparación –salvo la Juventus en la Serie A– con las que ostentan los líderes de las demás grandes ligas continentales. A esto hay que sumarle un récord de catorce victorias consecutivas hasta que el Bordeaux lo frenó con un empate, otro récord de mayor cantidad de goles en casa tras un rimbombante 9-0 ante el Guingamp y el reciente quiebre de otra plus-marca histórica en puntos luego del triunfo por 2-1 ante el Caen el pasado fin de semana.

El trabajo de Tuchel ha sido sin dudas superador, ya que impuso su autoridad en base al convencimiento puro. Potenció por completo a Mbappé –quien acaba de alcanzar los 50 goles en 76 partidos con la camiseta parisina– y logró rodear muy bien a Neymar, su punto de referencia, para que no sea el único en cargar con la responsabilidad del liderazgo. El resultado ha sido una revolución: con la ayuda de un mediocampo y una defensa más laboriosos, la química entre ambos ha sido más que perfecta, consiguiendo un total de 32 goles y 12 asistencias solo por liga.

En la mayoría de sus partidos, esta versión renovada y refrescante del PSG ha partido desde un 3-4-3, desplegando a los laterales, colocando tres centrales puros con capacidad de proyección, usando delante suyo un volante de contención y liberando a los creativos en tres cuartos para que le acerquen la pelota a los delanteros y así evitar un desgaste innecesario de estos.

El aprovechamiento total de la sociedad Neymar-Mbappé se da gracias a un 3-2-5 que se puede divisar en sus avances, creando con los laterales la distracción suficiente como para generar espacios por el andarivel central y para evitar que puedan marcar a sus dos estrellas de forma personal. Cuando se trata de sostener el fuerte, el volante central pasa a ser un líbero clásico y el interior por la izquierda se retrasa unos pasos para ser salida limpia. Así, el interior derecho puede ser oficialmente el enlace del equipo, parado con vista panorámica delante del trío de ataque, recibiendo constantes subidas por parte de los laterales para crear superioridad numérica en todo el campo rival.

Buscando siempre contrarrestar propuestas muy cerradas y combativas, el cuadro francés no tiene miedo a defender dando algunos pasos hacia atrás y cediendo la pelota, ya que cuenta con nombres como para oscilar entre estos dos polos de la teoría futbolística sin pudor alguno. Luego de superar el grupo de la muerte dejando atrás ni más ni menos que al Napoli y al Liverpool, Tuchel tuvo que enfrentar las severas lesiones de Neymar Jr. y Edinson Cavani. El fantasma de otro fracaso sobrevoló la previa del choque de ida en el Old Trafford, uno que finalmente lo encontraría sonriendo tras una contundente victoria por dos goles contra cero.

¿Por qué fue relevante su (única) derrota por Ligue 1 ante el Lyon para la victoria ante el Manchester United? Allí esbozó el plan que lo haría amplio dominador en el Teatro de los Sueños: Dani Alves y Bernat casi como extremos, Marquinhos como mediocentro, Kehrer de central/lateral por la derecha, Di María y Draxler cerrados como mediocampistas creativos y el doble nueve Mbappé y Cavani. El fracaso en aquel partido se debió a la excesiva presencia de centrales en cancha, algo que hizo las transiciones muy lentas, obligó a los enlaces a retroceder demasiado y abrió así los espacios suficientes para los delanteros rivales.

¿Qué fue lo que se pudo ver en el Old Trafford ante un rival que parecía invencible desde la llegada de Olé Gunnar Solskjaer? Una corrección radical de los mencionados errores con un once inesperado: Buffon; Kehrer, Silva, Kimpembe, Bernat; Marquinhos; Di María, Verrati, Dani Alves; Mbappé. De esta manera, evitó la presión sobre su salida, con el doble lateral contuvo la posibilidad de que el rival utilice las bandas, liberó el mediocampo de jugadores defensivos al darle a Di María y Verrati la responsabilidad de apoyar a Marquinhos y confundió a todos usando a Mbappé de nueve tradicional.

Resta saber qué sucederá esta semana en el Parque de los Príncipes, cuando los Diablos Rojos lleguen de visita buscando revancha. Pero lo cierto es que, por primera vez en muchos años, los cimientos poseen una firmeza que convierte a los franceses en serios candidatos para ir por todo esta temporada.