Lionel Messi volvió a tener otra espectacular jornada en Barcelona y, gracias a la Pulga, su equipo sacó una ventaja clave en la ida de las semifinales de Champions League: 3-0, con dos golazos del 10, y a pensar en la revancha de la semana próxima.

La primera explicación del resultado tiene nombre y apellido: Lionel Messi. Porque Barcelona, tras el inicial gol de Suárez a los 26 minutos, tras centro de Jordi Alba, en líneas generales nunca fue más que Liverpool. El equipo inglés maniató al blaugrana con el juego vertical y de presión sofocante que propone Klopp y siempre dio la sensación de que mereció más. Incluso antes de las maravillas de la Pulga, la figura estelar era Ter Stegen, vital frente a los intentos de Salah y Milner.

Pero el fútbol es fútbol y lo imprevisible puede dar un giro de 360º si tenes de tu lado alguien como Messi. Que primero inició una jugada a la que no le apartó los ojos de encima cuando captó el rebote tras el remate de Suárez al travesaño, y menos cuando minutos después clavó un hermoso tiro libre en el ángulo derecho de Alisson, con el exytra de que fue el gol 600 en competiciones con el culé.

En el balance, el 3-0 fue mentiroso, pero Messi fue la pura verdad. Por eso, Barcelona acaricia una nueva final de Champions. La revancha será el 7 de mayo en Anfield.