En más de una ocasión, toda persona fanática de este maravilloso deporte se siente muy a gusto cuando puede observar un partido de los denominados “clásicos” y aún más, si se trata de selecciones. El 25 de julio de 2004, el continente americano y por qué no, el mundo entero pudo observar la final de la Copa América que se disputó en Perú y tuvo como grandes protagonista a Argentina y Brasil. Dicha final, que tuvo un desenlace de películas,concluyó en la victoria para el conjunto dirigido por Carlos Parreira, efectivo en la definición por penales y una vuelta olímpica para su riquísima historia futbolera.

Barcelona – Real Madrid o Boca Juniors – River Plate son algunos de los partidos más llamativos para el público. A nivel de selecciones, muchos gustan ver un encuentro entre europeos, pero sin dudas que la rivalidad entre la Albiceleste y la Verdeamarela tiene ese toque llamativo, ya sea por la euforia de la gente o la misma dinámica. El juego del potrero se enfrentaba al ‘jogo bonito’ de la playa carioca. Durante toda la competición habían dejado puntos en el camino en una sola oportunidad y ahora, el Estadio Nacional de Lima iba a ser el lugar indicado para esta batalla entre argentinos y brasileños, grandes candidatos en cada edición.

Obviamente, que para llegar a esas instancias tuvieron que atravesar un largo camino. Por el lado de los albicelestes, estos culminaron en la segunda ubicación del Grupo B donde solamente cayeron ante México. Ya, en fase eliminatoria se batieron ante Perú y Colombia, donde se hicieron presentes los goles de Carlos Tevez. Mientras que en la vereda de enfrente, también finalizaron como escoltas de su zona tras perder ante Paraguay y en los famosos ‘mano a mano’ dejaron en el camino al seleccionado mexicano y uruguayo respectivamente, este último por penales, misma resolución que en el último duelo.

Ambos arribaban a este choque con diferentes realidades a comparación del último Mundial, que se llevó a cabo en tierras asiáticas. Los dirigidos por Marcelo Bielsa transitaban un proceso de recambio luego de lo que fue uno de los fracasos deportivos más grandes, en cambio su rival, presentaba una plantilla alternativa con algunos jóvenes catalogados como promesas y la ausencia de varios campeones del mundo en 2002 como Ronaldinho, Roberto Carlos o el histórico Ronaldo. Con panoramas algo parecidos, todo iba a concluir en aquella tarde de domingo bajo un estadio repleto.

El equipo del “Loco” fue quien pegó primero y a los 20’ de la primera parte, se iba a romper el marcador. Luisao le cometió falta a Luis González y Cristian González, fue el encargado de ejecutar el penal que cambió por gol con un zurdazo potente al arco defendido por Julio César. Pese a ello, el defensor que tuvo ese error en el arranque del encuentro, pudo redimirse con un cabezazo a los 45’ para establecer el empate parcial. Faltaban segundos para que suene el pitazo de Carlos Amarilla y ambos se iban al descanso igualados en uno.

El complemento no iba a mostrar una imagen diferente con lo visto en el primer tiempo. La Albiceleste contaba con más situaciones que su rival y el resultado parecía inamovible hasta que a los 42’, César Delgado puso en ventaja nuevamente a los vestidos de celeste y blanco. Centro desde la derecha, cabezazo de Sorín y tras un mal intento de rechazo por parte de Renato, la pelota le quedó al ‘Chelito’ que puso el 2-1 con una gran volea. El objetivo estaba a la vuelta de la esquina, restaban algunos minutos pero el fútbol tiene esas cosas inimaginables y sobre el final, llegó un durísimo golpe.

Ante el desespero por la paridad, la ‘Canarinha’ abusó de los centros y ante esto, Bielsa reforzó la defensa con el ingreso de Facundo Quiroga por Carlos Tevez. Un minuto parece significar poco, pero en Perú esos segundos fueron eternos y bien aprovechados por el lado brasileño. En una de las últimas llegadas, Roberto Ayala y Fabricio Coloccini se chocaron en el área y ante este infortunio, el rebote le quedó a Adriano, quien no perdonó y castigó con un zapatazo inatajable para Roberto Abbondanzieri. Los errores defensivos costaron caro y todo iba a definirse en los penales.

La historia se resolvería desde los doce pasos y allí fue un trámite para los uniformados de verde y amarillo. Brasil fue certero y anotó los cuatro remates mientras que Argentina se vio en desventaja con las ejecuciones de Andrés D’Alessandro (atajado por Julio César) y Gabriel Heinze, que envió la ‘caprichosa’ por arriba del travesaño.En un abrir y cerrar de ojos, este episodio tuvo una resolución diferente y en un santiamén, el ‘Scratch’ ganó el torneo y llegó a su séptima Copa América hasta ese entonces. Bielsa y compañía encontraron una gran versión futbolística pero los resultados no acompañaron, pese a ser el conjunto más goleador del certamen. Sin embargo, ese sería el comienzo de una mala racha, que continuaría años después con otras tres finales con gusto amargo.