La máxima cita continental a nivel selecciones en estas latitudes comenzó formalmente en San Pablo con el éxito de Brasil ante los del Altiplano, en un partido que se abrió en los 45′ finales y gracias a dos certeras estocadas.

En la noche del Morumbí la Verdeamarela extrañó la conducción de Neymar para destrabar un partido donde Bolivia logró ser un escollo hasta la parte final, desmoronándose con la apertura del marcador tras un penal que Néstor Pitana sancionó en forma correcta a instancias del VAR luego de una mano de Adrián Jusino.

La ejecución perfecta de Philippe Coutinho disminuyó la tensión en el recinto de San Pablo, que hasta allí se había mostrado reacio con sus jugadores con una silbatina generalizada que explotó al bajarse el telón del primer acto.

El jugador de Barcelona, quien llega tras una temporada irregular en el gigante español, volvió a aparecer minutos después luego de un desborde por la banda derecha de Roberto Firmino al que logró ponerle la cabeza sin oposición para aumentar el score.

Desde allí el local empezó realmente a sentirse cómodo ante un rival que fue asumió un rol de partenaire donde apenas Marcelo Martins logró revelarse desde lo actitudinal pero sin concretar peligro ante la valla del tranquilo Alisson Becker, héroe de Liverpool en la final de la Champions hace dos semanas.

Sobre el cierre quedó tiempo para el golazo del ingresado Everton, tras uno y mil amagues en una carrera hacia la medialuna del área que derivó en un bombazo furioso al lateral de la red que convirtió en espectador al arquero Carlos Lampe.

El Scratch necesitaba ganar para revitalizarse ante su gente y así lo hizo. No fue fácil ante un rival de nula exigencia, por ello la búsqueda de una identidad sin Neymar es una tarea que los de Tite intentarán aprender en cada partido.