Ambos entrenadores eligieron darle descanso a la mayoría de sus titulares, colocando esquemas prácticamente idénticos en cuanto a la disposición en el campo de juego. Gareth Southgate eligió el siguiente once: Pickford; Jones, Stones, Cahill; Alexander-Arnold, Loftus-Cheek, Dier, Delph, Rose; Rashford y Vardy. Enfrente, Roberto Martínez también dio vuelta más de medio equipo de cara a la segunda fase del torneo: Courtois; Dendoncker, Boyata, Vermaelen; Chadli, Fellaini, Dembele, T. Hazard; Januzaj, Tielemans; Batshuayi.

La liviandad como bandera

El que iba a ser uno de los partidos más emocionantes de la tercera jornada de Rusia 2018, terminó siendo un extraño fiasco. Dos equipos clasificados y con estadísticas empatadas, protagonizaron un muy liviano primer tiempo en el que no abundaron las ocasiones de riesgo ni la intensidad. Los esquemas de juego fueron muy similares, con exteriores bien desplegados sobre las bandas en ataque y un buen control de ese mismo sector en el retroceso.

La diferencia la pudo marcar Bélgica debido a que su 3-4-3 pudo también convertirse en un 3-4-2-1 con Tielemans y Januzaj apoyando a los volantes externos desde tres cuartos de cancha. El 4-5-1 en fase defensiva fue eficiente ante los embates de Rose y Alexander-Arnold, que mostraron velocidad y entusiasmo pero no pudieron jamás enganchar hacia el centro para acercar algo de peligro a un muy relajado Courtois.

Pickford reaccionó muy bien ante un buen remate de Tielemans y el mismo Arnold fue salvador dos veces consecutivas ante sendos intentos por parte de Batshuayi –en una jugada que no terminó en gol milagrosamente tras un tiro de esquina– y de un activo Dembele quien forzó una reacción suya con un remate rasante.

Un intrascendente y liviano duelo sin emociones, que por momentos se tornó bastante friccionado por el habitual espíritu de lucha de Fellaini, resumido en un festival de pases horizontales que motivó los silbidos de gran parte de un público decepcionado.

Para los segundos cuarenta y cinco minutos, ambos seleccionados salieron con un poco más de ímpetu. Un disparo a colocar de Rashford tras un gran pase de Vardy salió a centímetros del palo, siendo los ingleses los que dieron la mejor impresión en las primeras jugadas. Pero el partido se quebró con un verdadero golazo de Januzaj, que se sacó a dos hombres de encima en un solo movimiento y venció la resistencia de Pickford con un notable disparo al ángulo para marcar el único gol del partido.

A sabiendas que se venía un mano a mano contra un Japón bastante irregular, los belgas comenzaron a ganar en posesión y posición, adueñándose del trámite ante un rival no demasiado preocupado por tener que enfrentar a una bastante deslucida –aunque luchadora y repleta de talento– Colombia en octavos de final. Una vez más, Rashford estuvo al borde de vencer a Curtois, pero su intento fracasó esta vez por milímetros ante una esforzada estirada del portero del Atlético de Madrid.

Los diez minutos finales fueron un asedio constante de los leones, intentando con la presencia de Danny Welbeck ganar algo de potencia dentro del área, aunque sin demasiada precisión salvo en un bombazo a quemarropa salvado por Fellaini delante del arco. Sacando provecho a los espacios, ya con Mertens y Kompany en cancha, los pupilos de Roberto Martínez estuvieron cerca de ampliar la diferencia pero no pudieron con su propia ineficacia.

La incógnita de la exigencia máxima

Sin lucimiento alguno, sin sus mejores armas y con una prolijidad total que por momentos se convirtió en pasividad absoluta, Bélgica e Inglaterra lograron el objetivo de llegar descansadas a octavos de final. Cuatro partidos los separan de la gloria y es claro que tienen derecho y argumentos para soñar con alzar la copa del mundo. Resta saber cómo reaccionarán ante la presión máxima, ya que a pesar de tener la idea de juego muy bien trabajada, son dos equipos muy jóvenes (sobre todo los británicos) que están en una etapa de fogueo y que no tienen en sus antecedentes recientes buenas experiencias en los mano a mano en el máximo nivel.