Con el respaldo de haber ganado de punta a punta la eliminatorias sudamericanas, Brasil llegó a Rusia 2018 con la obligación de como mínimo llegar a la final y borrar el amargo recuerdo del 7-1 frente a Alemania en su propio mundial. Lo cierto es que más allá de mostrarse en muy buen nivel durante los amistosos previos, todos los ojos se centraron en Neymar Jr. quien se había lesionado en el Paris Saint Germain previo a la revancha de octavos de final de la Champions League frente al Real Madrid. Tres meses de inactividad habían preocupado a todos, pero algunos goles en sus primeros minutos con la camiseta verdeamarelha hicieron imaginar que la inactividad no iba a ser un problema para él.

Durante los tres partidos de la primera ronda, Brasil mostró una cara más centrada en la lucha antes que en el juego. Ante tres rivales que buscaron solamente cerrarle todos los espacios y golpearlo de contragolpe, tuvo que trabajar muy duro para sostener sus convicciones. Y lo hizo con éxito, ya que el modelo de Tite combina lo mejor del juego de posesión y posición -sacando ventaja de las sociedades entre volantes y delanteros en velocidad- y también el de trinchera con todo su equipo replegándose en bloque para evitar que existan grietas en la defensa.

Chispazos de Coutinho, Gabriel Jesus, Willian  y Neymar Jr. (en ese orden), la solidez de sus centrales Miranda y Thiago Silva y la capacidad de Casemiro y Paulinho de dominar el mediocampo y llegar al área rival al mismo tiempo, fue más que suficiente como para llevarse siete puntos sobre nueve posibles. El resultado final fue un lógico primer puesto en el luchado Grupo E, definido solamente en la tercera jornada con una victoria contundente -aunque no sin sobresaltos- por 2-0 ante Serbia.

Los dirigidos por Mladen Krstjalic llegaron a este partido con mucha presión y con la necesidad de ganar para no quedar al margen de la competencia mundialista. Una victoria ante Australia y una decepcionante caída en los minutos finales ante Suiza dejaron a los balcánicos en jaque a pesar del buen juego mostrado en ambos encuentros: Stojkovic; Kolarov, Veljkovic, Milenkovic, Rukavina; Matic, Milinkovic-Savic; Kostic, Ljajic, Tadic y Mitrovic fueron los elegidos por el entrenador para intentar el milagro ante el favorito del grupo.

Del otro lado del mostrador, Tite no realizó ninguna variante respecto del triunfo ante Costa Rica: Alisson; Marcelo, Joao Miranda, Thiago Silva, Fágner; Coutinho, Casemiro, Paulinho; Neymar Jr., Gabriel Jesus y Willian saltaron a la Otkrytie Arena para buscar una victoria que los depositase en la segunda fase del mundial.

Del susto a la tranquilidad

Los primeros minutos encontraron a Brasil empujando con paciencia ante el buen entramado tejido por su rival en la zona de tres cuartos. Matic se erigió como un pilar dentro de un esquema pensado para controlar las subidas de los tándems Marcelo-Neymar y Fagner-Willian y también para evitar que Coutinho se pudiese asociar correctamente con los delanteros.

El susto no fue futbolístico para el pentacampeón, sino más bien personal, ya que Marcelo debió retirarse del campo de juego a los 10′ tras sentirse un poco mareado. Mientras las cámaras enfocaban su costosa llegada al banco, acompañado por varios asistentes, Ljajic complicó con un buen tiro libre que Alisson supo despejar con solvencia.

Los serbios complicaron durante algunos minutos presionando con sus laterales y exteriores, pero fue su rival el que se anotó la primera ocasión de la noche tras un notable disparo de Neymar a pocos metros del arco, salvado en el último suspiro por un inteligente Stojkovic. A los pocos minutos, el astro del PSG volvió a destacarse entre el mar de piernas rojas, logrando habilitar a Gabriel Jesus quien no pudo con la férrea marca de Milenkovic dentro del área.

De allí en más, la intención de Brasil de llevar el partido a pocos metros del arco serbio se vio boicoteada por la sólida labor en el retroceso de un equipo que empezaba a necesitar más que un empate para clasificar debido al triunfo parcial de Suiza en el otro partido. En el primer momento de desorden, luego de una recuperación veloz en el centro del campo, Coutinho lanzó un pase entrelíneas fenomenal para Paulinho que con un hombre encima y la presión del arquero, la punteó suavemente para poner las cosas 1-0 en favor de su equipo.

Lógicamente, los pupilos de Krstjalic salieron del modo trinchera, quedando el mediocampo muy solo para luchar contra los contraataques de un rival envalentonado. Neymar, tras una gran combinación con Filipe Luis y Paulinho, con un centro muy complicado bien controlado por el arquero, tuvieron sendas ocasiones para cerrar un partido muy cerrado.

Sin cuartel

Lo que caracterizó a la segunda mitad fue la intensidad, una que lograron sostener ambas selecciones durante varios tramos. En el golpe por golpe, los de camiseta roja siguieron sin mostrar precisión en la zona de tres cuartos, mientras que los de Tite chocaron constantemente contra un cruce salvador que mantuvo el resultado demasiado corto.

A los 60′, Serbia tomó el protagonismo y estuvo cerca de igualar, pero Thiago Silva primero y Alisson unos segundos después, evitaron que Mitrovic instalase el pánico en sus filas. Cuando parecía que la versión más cansina de los de verde y amarillo volvería a arruinar sus propios planes, el entrenador refrescó el mediocampo con el ingreso de Fernandinho por un cansado Paulinho.

El efecto fue inmediato, ya que ganando unos metros en el terreno, fue tarea simple para Neymar ingeniárselas para conseguir un tiro de esquina. De allí mismo partió su sensacional centro-pase a la cabeza de Thiago Silva, quien con un verdadero misil sentenció el partido y catapultó a Brasil a los octavos de final. Quedaron veinte minutos en los que una defensa desmoralizada apenas si pudo mantener al número diez lejos de su segundo gol en Rusia, luciéndose su contrincante con ya mayores espacios y superioridad en todos los sectores de la cancha.

No se puede decir que Brasil haya goleado y gustado en todos los encuentros, tal cual muchos preveían debido a su excelente forma previa al mundial. La realidad es que el máximo torneo a nivel de selecciones es un universo apartado del resto de las cosas, que cada partido es muy complicado y que para ganar los siete encuentros hay que tener mucho más que buen juego.

Tite y sus excelentes jugadores ya saben que el jogo bonito ha regresado para quedarse, que ese objetivo ya está cumplido con creces. Pero en estos tres duros partidos demostraron que ante rivales que solo buscaron encerrarse y salir de contragolpe, también pueden imponerse mediante el uso de la paciencia y del músculo. De menor a mayor, se encuentran en la segunda fase del mundial y todo parece indicar que su estadía no será corta.