Para uno de los partidos más importantes de su carrera como entrenador, Didier Deschamps mantuvo el equipo titular (Lloris; Lucas Hernández, Umtiti, Varane, Pavard; Pogba, N’Golo Kanté, Matuidi; Griezmann, Giroud y Mbappé), siendo el ingreso de Blaise Matuidi el gran acierto táctico del legendario ex volante internacional. El polifuncional jugador de la Juventus le sumó músculo al mediocampo tanto en ataque como en el retroceso.

Por su parte, los dirigidos por Jorge Sampaoli buscaron replicar a su rival en ambas fases con Messi erróneamente posicionado como falso nueve (Armani; Tagliafico, Rojo, Otamendi, Mercado; Enzo Pérez, Mascherano, Ever Banega; Di María, Lionel Messi y Cristian Pavón) pero nunca pudieron tapar una cantidad vergonzosa de huecos y fallas que fueron aprovechados al máximo por rivales que, en comparación, parecieron aviones militares de última generación.

Tentar al diablo azul

Prolijidad en la salida, viveza para tapar a Banega (obligando el retroceso de Messi) y un Mbappé al acecho, siempre al borde de superar la línea de tres cuartos en velocidad, fueron los atributos de Francia para plantar su bandera en los primeros minutos. El primer aviso serio fue de Griezmann, con un tiro libre que se estrelló en el travesaño ante la mirada de un inmóvil Franco Armani, aviso de que se venía una tarde muy complicada en Kazán.

Cumpliendo con la profecía, bajo presión del trío de volantes franceses, Tagliafico perdió una pelota simple en el mediocampo, Mbappé superó en velocidad a Mascherano con excesiva facilidad y Rojo no tuvo más opción que derribarlo dentro del área. Griezmann ejecutó a la perfección la pena máxima y los de Deschamps obtuvieron la ventaja que merecían con tan solo doce minutos en el reloj.

Una de las claves para anular a un sombrío Lionel Messi fue la voracidad y precisión en la marca de Kanté, siempre ayudando a duplicar en todos los sectores del césped. El mentado mano a mano de Pavón y Di María contra los laterales del rival nunca llegó, siendo otra vez el juego corto y sin ritmo alguno la característica principal de la Argentina.

Mbappé -en una actuación consagratoria- siguió generando infracciones cerca del área, superando con tranquilidad a cada jugador argentino que se acercaba a marcarlo y exponiendo un estado de forma colectiva sin dudas deplorable. Ni hablar de las facilidades que le dio Tagliafico, renunciando a subir y permitiendo que el atacante del Paris Saint Germain no tenga necesidad de retroceder para ayudar a la defensa.

Armani errando pases simples, Mascherano jugando de líbero con los centrales muy lejos, los dos exteriores que nunca se invertían y Enzo Pérez por momentos de falso nueve pintaban el cuadro terrorífico de una Argentina que seguía sufriendo la diferencia de velocidad y manejo del esférico de cara al final del primer tiempo.

El mencionado retraso de Messi facilitaba la tarea de Matuidi, atento a colaborar en el medio en lugar de cubrir la banda derecha, complicando aún más la tarea de un muy flojo Mascherano tanto en los cruces y cortes como en los pases. Las patriadas de Otamendi, Pavón y Di María, buscando a un centrodelantero que insólitamente no estaba en cancha, chocaban siempre contra una defensa muy ordenada y concentrada.

Pero el fútbol siempre entrega sorpresas y la única falencia de los galos había sido no liquidar a un rival al que jamás hay que dar por muerto. Así, en la única que tuvo espacios frente al arco, Ángel Di María rescató parcialmente a sus compañeros con un impresionante remate que se metió en el ángulo y dejó el partido empatado segundos antes de irse al descanso.

El show del nuevo enfant terrible

El ingreso de Federico Fazio por el amonestado Marcos Rojo empeoró el panorama, ya que se eligió a un jugador más lento y sin ruedo para que Otamendi -el otro que se puede rescatar dentro del once- quedase mano a mano con un Mbappé endiablado. Fue Di María quien forzó la falta que derivaría en el accidental gol de Mercado tras un centro fallido de Messi, espejísimo que trajo euforia a las tribunas y al perdido banco argentino.

Lo cierto era que el mal planteo inicial era incorregible y la diferencia entre ambos equipos eran algo imposible de achicar. Sin temores, los jóvenes soldados de Deschamps adelantaron líneas, manteniendo a los laterales en campo enemigo y sin perder por un segundo la compostura para construir cada jugada con paciencia.

Un blooper entre Armani y Fazio mal definido por Griezmann fue el preludio para la caída definitiva: Kanté rompió la defensa con un pase milimétrico entrelíneas, Hernández centró hacia atrás y Pavard con un brutal disparo de volea colocó la pelota en el ángulo. El empate confirmó que el 4-5-1 en retroceso era una alternativa que tampoco funcionaba para los argentinos, ya que Pavón y Di María nunca cubrieron la banda, algo que los aviones de guerra no perdonaron en cada avance.

La conexión Pogba-Hernández volvió a funcionar por la banda, habilitando el lateral del Atlético Madrid a Mbappé, quien dentro del área se sacó a tres marcadores para definir a quemarropa ante un Armani tibio. Sergio Agüero ingresó muy tarde por Enzo Pérez, quedando sentenciado el asunto minutos después: desde los pies de su arquero, Francia construyó una jugada vertical que terminó en la habilitación de Giroud a Mbappé y un gran disparo cruzado de la estrella de la noche que dejó todo 4-2 a favor de los europeos.

Lo pudo liquidar Francia, pero se relajó al ver que su dominio era absoluto ante un rival herido de muerte. Lionel Messi apareció por única vez en el partido con un buen centro-pase para un Agüero que definió muy bien de cabeza para achicar la ventaja y en el manotazo de ahogado, Meza (un ingreso inexplicable, con Higuaín y Dybala preparados) conectó muy mal un centro sin poder concretar un empate que hubiese sido inmerecido.

Tiempo de barajar y dar de nuevo para una Argentina que no estuvo a la altura del torneo. Ante el primer rival de verdadera jerarquía, mostró un retraso estratégico, táctico y físico realmente alarmante. El recambio generacional y un proyecto integral a largo plazo son la única salida posible. Francia tomó nota de esto en la previa, mostró su mejor cara cuando se le exigía más juego y actitud y tuvo en Kylian Mbappé a su gran figura, siempre arropada y potenciada por una idea de juego ejecutada con precisión y convicción por parte de un plantel repleto de juventud y fuego.