El fútbol es un deporte en el que si bien puede haber un favorito a quedarse con la victoria del cotejo, el estilo de la disciplina provoca que haya más posibilidades que en otras actividades de que un conjunto de menor jerarquía pueda sorprender y vencer al gigante.

Claro ejemplo han sido los costarricenses, que en el último Mundial les tocó enfrentar en zona de grupos a tres de los ocho campeones del mundo: Italia, Inglaterra y Uruguay. La selección que integra la CONCACAF era, en la previa, claramente inferior pero pudo sobreponerse y clasificar a Octavos de final de Brasil 2014 junto a los Charrúas. No conforme con la hazaña conseguida, por penales superó a Grecia y así obtuvo el paso por primera vez de un país de América Central a la ronda de los ocho mejores. Allí enfrentó a Holanda y quedó eliminada en tanda de penales.

Pero a pesar de ello, a la final del Mundial 2014 arribaron dos equipos que en la previa sí eran candidatos: Argentina y Alemania. Para la nueva edición de esta competencia, que arrancará el 14 de junio, también hay algunas selecciones que pueden considerarse favoritas: Alemania, Brasil, España, Francia y Argentina.

Los últimos campeones hoy son dirigidos por Joachim Löw, pero poseen una fuerte refundación del ADN alemán con la aparición de Jürgen Klinsmann a cargo del fútbol representativo de la Federación Alemana de Fútbol (DBF). Y es que Klinsmann, cual científico loco, mutó a sus jugadores. Dejaron de ser futbolistas ordenados, metódicos y con un gran sentido del compromiso -sumado a un físico robusto primordialmente- para pasar a ser profesionales mucho más atléticos y con calidad para manejar el balón.

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El trabajo, estudio e investigación de la dupla alemana, yendo a las regiones donde se cimentaron las bases del buen fútbol, le otorgaron esa posibilidad de cambiar el estilo. Claro ejemplo es el viaje que realizaron hacia Argentina, para conocer el predio que posee la AFA, uno de los mejores en el mundo, y poder dialogar con César Luis Menotti sobre el juego asociado.

En esta oportunidad tal vez se vea a una Alemania sin tantas estrellas como en años anteriores, pero con una estructura e idea de juego que supera cualquier individualidad.
Basta con manifestar que los Teutones consiguieron el primer puesto del grupo C de las Eliminatorias Europeas con 30 puntos -11 más que su escolta-, que son los campeones de la Eurocopa sub 21, de la Copa Confederaciones, finalistas de los Juegos Olímpicos de 2016 y campeones del último Mundial.

Por su parte, la selección Verde Amarella, de la mano de Tite, cambió muchísimo desde lo mostrado con Dunga. Primero, promovió a muchos jugadores que no eran de renombre, como el caso de Miranda, Marquinhos, Paulinho, Renato Augusto y hasta el mismo Gabriel Jesús. Y segundo, le dio libertades a los delanteros a la hora de atacar, algo que siempre pregonó la pentacampeona, pero con mucho más orden defensivo y noción de los esquemas tácticos.

En un mismo partido, Brasil puede pasar de un 4-1-4-1 a un 4-2-3-1 o 4-2-4 y también a un 4-3-3, todo dependiendo de qué pida en ese momento la situación. Claro está que no es lo mismo jugar con cuatro defensores y tres volantes dedicados a la marca que con cuatro volantes ofensivos dedicados a atacar junto al delantero.

Lo cierto es que el Scratch volvió a desplegar dentro del terreno de juego ese fútbol alegre y ofensivo que siempre lo destacó, pero con una disciplina defensiva que lo condecora como una de las grandes candidatas. Además, en los últimos años consiguió el oro en los Juegos Olímpicos y terminó puntero de las Eliminatorias Sudamericanas con diez puntos de ventaja sobre el segundo.

España, en su caso, mantiene la base desde lo futbolístico de aquel inmenso equipo que forjó Pep Guardiola en Barcelona, con jugadores que todavía se mantienen del mundial conseguido en Sudáfrica 2010, y otros jóvenes que se suman para darle el despliegue normal que ya no poseen los veteranos, y que consiguieron grandes resultados como el subcampeonato en la Eurocopa sub 21.

Balón al ras del piso, transiciones rápidas si el rival está mal parado, o circulación de pelota hasta encontrar el hueco para lastimar al contrincante son las premisas que tiene la selección comandada por Julen Lopetegui. Mandamás absoluto del grupo G en las Eliminatorias Europeas, España llega con tal vez la mejor conexión entre ataque, defensa y calidad de jugadores.

Los franceses, finalistas de la Eurocopa, son los que poseen la plantilla con mayor futuro, pero con un muy buen presente también. Muchos futbolistas que participan de los mejores equipos del mundo, que le valieron la primera posición de un grupo para nada accesible en las Eliminatorias, forman parte de este equipo.

Dirigido por Didier Deschamps y comandado dentro del campo por Antoine Griezmann, este conjunto posee tantos futbolistas de buen nivel que se le es difícil poder mantener un 11 titular. Oscilando entre el 4-2-3-1 y el 4-3-3, dependerá de cómo estén sus futbolistas para saber hasta dónde podrá llegar en el Mundial. Tal vez esa sea su mayor problemática y paradójicamente su mejor virtud, ya que los integrantes de la plantilla no se sienten titulares y eso denotaría una falta de conjugación entre las partes, pero también puede ser engañoso para los rivales, que al tener tantas variantes no sabrían a qué estilo de equipo se pueden llegar a enfrentar.

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Por último, más por nombres que por rendimientos aparece Argentina. Más por historia que por actualidad, más por Lionel Messi que por cualquier otro motivo, se mete entre las posibles candidatas. Tampoco se puede negar que en el pasado cercano obtuvo grandes resultados: en los últimos cuatro años llegó a tres finales: un Mundial y dos Copas Américas. Pero su rendimiento en las Eliminatorias es lo que genera dudas, y lo que provocó que en su banco se hayan sentado tres entrenadores en tan poco tiempo: Gerardo Martino, Edgardo Bauza y Jorge Sampaoli, quien finalmente estará en Rusia.

También en él radica la esperanza de que Argentina pueda resurgir desde lo futbolístico, por lo demostrado en todos los clubes en los que estuvo, más la brillante actuación con la selección chilena. Además posee jugadores de élite que permiten ilusionarse junto a, obviamente, el mejor del mundo.

Ahora bien, si a Argentina se la toma como candidata por tener en su plantel al 10 de Barcelona, por qué no sumar a Portugal, última campeona de la Eurocopa y puntera en su grupo de Eliminatorias y que posee al único futbolista capaz de igualar al argentino: Cristiano Ronaldo. O por qué no tener en cuenta a Bélgica, que de la mano de De Bruyne y Hazard consiguió ser junto a Alemania la selección que más goles convirtiera en las Eliminatorias Europeas. Es cierto, pero la historia cuenta y ninguna de ellas pudo obtener un Mundial.

Muchas selecciones, muchas figuras. No está la candidata indiscutible, pero lo que sí está seguro es que habrá una Copa del Mundo que no pasará desapercibida, ni por el juego, ni por las polémicas -primera vez que se utilizará el VAR-, ni por el despliegue que le dará Rusia intentando demostrar su grandeza como país. Con el condimento ineludible de que posiblemente sea la última cita mundialista para dos dioses del fútbol: Cristiano y Messi.