La previa a este choque de cuartos de final entre Uruguay y Francia llegaba con una ventaja bastante interesante para el cuadro de Didier Deschamps. La lesión de Edinson Cavani -la gran figura del equipo en esta competición- en uno de sus gemelos lo había condenado a ni siquiera poder ocupar un lugar en el banco de suplentes.

Por ello el entrenador francés realizó una variante respecto del once que había protagonizado la victoria ante la Argentina (Lloris; Pavard, Varane, Umtiti, Hernández; Kanté, Pogba; Mbappe, Tolisso, Griezmann; Giroud) colocando a Correntin Tolisso como enlace en lugar del más aguerrido Blaise Matuidi. Por su parte, el Maestro Tabárez mantuvo el esquema y nombres habituales en esta copa (Muslera; Cáceres, Giménez, Godín, Laxalt; Nández, Torreira, Vecino; Bentancur; Suárez y Stuani) con la inclusión de Cristhian Stuani como mediapunta detrás de Luis Suárez.

El sufrimiento, a contramano de lo que le sucedió a un interesante Portugal en la fase previa, fue cuasi nulo para una Francia que se llevó el partido con absoluta solidez y simpleza. Sacando ventaja de la mencionada ausencia en el once rival, sostuvo la posesión del balón en tres cuartos de cancha con mucha paciencia y logró quebrar progresivamente a un contrincante que no tuvo tanto poder de fuego en el contragolpe.

Este modelo 2018 de Uruguay trata mucho mejor la pelota, todo gracias a una nueva generación de jugadores que se ganó su lugar en la mayor brillando en la el seleccionado Sub-20 tanto en el sudamericano como en el mundial donde solo cayeron en las instancias finales. El cuarteto compuesto por Nández, Torreira, Vecino y Bentancur trabó el mediocampo con mucho sacrificio, consiguiendo incomodar un poco al trío de mediapuntas que –sin espacios entre las dos líneas de cuatro pegadas– no pudo desequilibrar tanto en el uno contra uno.

Ante las dificultades de sus compañeros, Kanté y Pogba se erigieron como la bandera de la lucha y del juego al mismo tiempo en el círculo central. Salida limpia y quite férreo, no dejaron que Bentancur y Torreira desplieguen su juego ni que Vecino y Nández pudiesen armar parejas con Cáceres y Laxalt para generar algo de peligro por las bandas.

Luis Suárez extrañó horrores a Edinson Cavani, quedando aislado entre los magistrales Varane y Umtiti y sin demasiada ayuda de un nervioso Stuani que lejos estuvo de asemejarse al ariete del Paris Saint Germain. Lucas Hernández y Benjamin Pavard comenzaron poco a poco a encontrar mayores espacios, logrando hacer que la luz al final del túnel fuese cada vez más clara: un tiro de libre ejecutado por Griezmann a la perfección fue cabeceado por Varane para romper el cero pocos minutos antes de irse al descanso. Si bien los sudamericanos no se desordenaron demasiado, el gol significó un impacto demasiado profundo para el que –sin su habitual y aceitado contragolpe a disposición– carecerían de respuestas.

El complemento estuvo demás, pues Les Bleus dominaron con mucho oficio y calidad, quedando los ingresos de Cristian Rodríguez y Maximiliano Gómez (para darle mayor desborde y presencia en el área a los charrúas) anulados por la estructura colectiva francesa que se defendió como si su vida dependiese de la victoria. Muy compactos en el retroceso, supieron atraer a los volantes del rival hacia los dominios de Lloris, para luego abrirse como un acordeón en ataque y dejar a los celestes al borde del knock out.

Aún sin unos Griezmann y Mbappe brillantes, el triunfo no estuvo nunca en riesgo y se terminó de consolidar con un disparo del delantero del Atlético de Madrid que se movió antes de llegar al arco y obtuvo una respuesta muy pobre por parte de Muslera que quedó a contrapierna y no colocó las manos con demasiada firmeza. El dos a cero supuso el final del encuentro y del sueño del país vecino, logrando Francia regresar a los cuatro mejores de un mundial después de doce años y de un pasado reciente de frustraciones y conflictos con más tinte social y racial que deportivo.

La apuesta de Didier Deschamps volvió a rendir frutos en este mundial, la inclusión de Tolisso como enlace le permitió al volante del Bayern Munich brillar y tomarse revancha de aquel paso en falso en la primera fecha ante Australia. Kanté fue un verdadero pulpo aún en inferioridad numérica, Pogba brilló en la conducción con una presencia notable, precisión absoluta y un socio ideal en Tolisso y hasta Giroud logró insertarse en un esquema colectivo supersónico que precisa de un nueve con su experiencia y su capacidad para pivotear. Mbappe y Griezmann lucharon y se acoplaron al sistema y la defensa volvió a mostrar su jerarquía.

La mayor prueba de carácter para estos jóvenes será ante Bélgica, otro equipo veloz, talentoso y muy inteligente, que en el segundo mundial para esta generación también dorada se dispone a dejar en el camino a cualquiera. Choque de candidatos, un choque de potencias que tienen mucho presente y muchísimo futuro, una verdadera final anticipada que seguramente se defina por detalles.