Resulta muy fácil y al mismo tiempo extremadamente difícil explicar cómo es el funcionamiento de la selección española, ya que desde el aspecto táctico se podría mencionar que emplea un 4-2-3-1 con Piqué y Ramos como centrales naturales, Nacho por derecha mostrando mayor vocación defensiva que Alba, quien ataca incansablemente. Por eso es que apareció el zurdo Asensio a perfil cambiado, ya que de todos los mediocampistas y delanteros es el más punzante y agresivo desde lo individual, mientras que desde el otro sector arranca Isco pero con la primicia de recorrer todo el frente de ataque, ya que sabe que el hombre que tiene a sus espaldas será incisivo por el lateral en cada avance de la Furia Roja. Koke para darle una mano en la contención a Busquets y liberar así a Silva, más un centrodelantero como Costa para que contenga a los centrales rivales y se generen los espacios.

Ahora bien, cuando el balón es de España -ítem que se repite en casi todo momento de los partidos- todo lo mencionado pasa a ser solo una idea principal pero que muta en pos del movimiento impredecible de los intérpretes. Es que Isco puede aparecer por cualquier sector de la cancha, desde recibir en el lugar del lateral izquierdo para que este ya emprenda una aventura ofensiva, hasta aparecer como wing derecho para desbordar y meter el centro atrás, con todas las variables pensadas en ese recorrido de punta a punta. Si bien Silva cumple un rol similar, normalmente se lo vea más centralizado, al igual que Asensio que ya mencionamos que comienza su ataque desde el sector derecho, ambos tienen el permiso de libertinaje que les brota a flor de piel para aparecer por lugares recónditos del terreno de juego. Eso sí, con una premisa innegociable: cuando se pierde la pelota hay que doblegar esfuerzos para recuperarla en zona ofensiva.

Claro está que Iniesta es el pionero en la materia, ordenando mejor que cualquiera de los mencionados los tiempos de juego: cuándo ofender al rival, cuándo moverla de lado a lado, cuándo esperar, cuándo todo. Pero el técnico del momento optó por mayor juventud con el extremo derecho del Real Madrid por sobre el longevo jugador ya ex Barcelona.

Todos esos movimientos tienen una falencia que se acrecentó en este Mundial. Tanto despliegue físico para moverse pasa factura y España regala los último seis o siete minutos de cada tiempo. Esta arista analizada es más que importante, debido a que al tener tanto jugador de buen pie, virtuoso, de carácter más ofensivo, el repliegue defensivo no sirve como escudo protector. De esta manera es como esta selección ha recibido casi todos los goles durante esta edición del torneo más importante.

Ante este aspecto, deberían de tomar mayor notoriedad los dos volantes centrales y los cuatro futbolistas que conforman la línea defensiva, pero no están sincronizados de la misma manera que a la hora de atacar y tampoco tienen automatizado el concepto de retroceder en bloque si el rival saltea la presión alta.

En esta oportunidad, fue Rusia quien leyó de manera perfecta la grieta que entrega quien fuera la campeona del mundo en 2010 y así logró igualar condiciones. Prescindió lógicamente del balón y de un volante ofensivo para sumar un jugador a la línea defensiva con la clara intención de dejar que España haga su juego y poder enviar balones largos a Dzyuba, el héroe ruso que tiene como superpoder la potencia física para chocar con los rivales y ganar faltas en zonas ofensivas para que su seleccionado pueda descansar y conocer otras partes de la cancha.

Los goles llegaron a través de un tiro de esquina a favor de España, y de penal para los locales. El primero es un arma más que suma a su gran arsenal, con Piqué y Ramos -autor del gol- más Costa como estandartes, mientras que la igualdad del marcador fue gracias a que el superhéroe ruso ganó en las alturas, también desde un córner, consiguiendo ahí el penal a favor por una sonsa mano de Piqué y que luego el propio Dzyuba convertiría en el empate.

A la selección española le falta un hombre que individualmente pueda generarse sus propias situaciones de peligro, en algunas ocasiones fue su centrodelantero, pero en este en particular no lució y fue tal vez la falencia más clara que deja entrever el combinado rojo. A Rusia le faltó ataque, claro está que se sintieron inferiores desde antes de arrancar el partido y por eso el cambio de esquema con lo demostrado a lo largo del Mundial. Pero claramente no se puede reprochar el trabajo ni la inteligencia defensiva, ya que el rival no le generó grandes situaciones de riesgo.

A destacar por parte del elenco euroasiático es la gran actuación a Golovin, un volante con características ofensivas que pareciera tener dos pulmones más que el resto. Comenzó el Mundial como extremo izquierdo pero, con la lesión de Dzagoev en el partido inaugural, el jugador del CSK de Moscú pasó a ocupar una posición central del ataque solo por detrás del delantero de área, mostrando gran capacidad en el desequilibrio individual y atento para captar los rebotes que deje la lucha entre el central rival y su compañero.

En tiempo extra sí se notó la merma física. España siguió intentando con sus formas, sin rescindir la idea, a pesar de que por momentos intentó buscar con centros fallidos, mientras que Rusia quería que el árbitro termine lo antes posible para equiparar desde el punto del penal todas las posibilidades de obtener la victoria. Y vaya si ese concepto se lo tomaron a pecho los rusos, que superaron al gran candidato y pasaron a cuartos de final.