La previa indicaba que el duelo entre Croacia y Dinamarca sería muy parejo. Más allá de que los balcánicos poseen un equipo con mucho mejor pie y un estilo de juego más fluido y vistoso, los daneses habían exhibido mucho orden táctico y una eficacia realmente notables en la fase de grupos. Ambos entrenadores supieron como leer el partido, resultando los 120 minutos un verdadero partido de ajedrez que por momentos no pudo escaparle al tedio.

Zlatko Dalic buscó el equilibrio entre el vértigo y la contención con un 4-2-3-1 flexible: Subasic; Vrsaljko, Lovren, Vida, Strinic; Rakitic, Brozovic; Rebic, Modric, Perisic y Mandzukic fueron los elegidos para disputar un partido en el que ningún error iba a ser perdonado. En el otro banco, Age Hareide eligió un bastante audaz 4-3-3 con algunas variantes tácticas: Schmeichel; Knudsen, Kjaer, Jorgensen, Dalsgaard; Christensen, Delaney, Eriksen; Poulsen, Cornelius y Braithwaite.

No hay un sinfín de partidos que inicien con dos goles en menos de cinco minutos –mucho menos en un mundial– pero esta fue la gran excepción. Utilizando el lateral como un lanzamiento de esquina, Dinamarca abrió el marcador mediante los pies de Jorgensen, quien aprovechó la confusión generada dentro del área rival y empujó la pelota con tranquilidad entre un mar de piernas croatas para poner el 1-0. Pero la tranquilidad no le duró demasiado a los de Hareide, ya que Mandzukic aprovechó un blooper (luego de una buena jugada en velocidad entre Rebic y Vrsaljko por la banda) para empujar la pelota ante la mirada de un confundido Schmeichel y dejar el resultado 1-1.

Todo hacía imaginar un festival de goles, pero de allí en adelante el encuentro de sumió en un bache del que le costó horrores salir, más allá de que en varios tramos ambos equipos tuvieron oportunidad para sellar la clasificación a cuartos de final. Con la mayoría de la posesión y realizando un gran desgaste ante un contrincante bastante replegado, Croacia tuvo su gran chance –en una sola jugada– en los pies de Rakitic, Rebic y Perisic, pero las manos del sensacional Kasper Schmeichel mantuvieron en partido a los suyos. Subasic tampoco se quedó atrás, tapando muy bien un mano a mano ante Braithwaite y mirando con alivio como un centro pasado de Eriksen rozaba el travesaño antes de irse por la línea de fondo.

Algunas imprecisiones se habían adueñado del siempre elegante pie de Luka Modric durante los primeros cuarenta y cinco minutos, haciendo que el panorama empeorase de cara al complemento. Sacando ventaja de tener un poco más de aire y piernas, Dinamarca pasó a ser un 4-4-2 con el retraso constante de Poulsen para poder liberar a Eriksen de su posición más lateralizada. La respuesta de su rival fue seguir avanzando y retrocediendo en bloque, utilizando a un sensacional Vida como salida limpia, pero luchando contra el fastidio de un Mandzukic por completo aislado.

Perisic y Rebic ayudaron mucho a sus laterales en la marca, mostrando un gran sacrificio que siempre permitió a Modric, Rakitic y Brozovic recuperar un poco del aire perdido. El dibujo táctico de Dalic funcionó a pesar de pequeñas fallas, ya que al obligar a los volantes dinamarqueses a buscar a sus delanteros con pelotazos, dejó fuera del circuito a su máximo generador de juego.

Hareide tomó nota y con el ingreso de Schone reforzó el mediocampo, pasando su equipo a manejar el balón y los hilos de un encuentro muy parejo. La cantidad de asociaciones creció, pero la puntada final fue un grave problema tanto para Poulsen como para Braithwaite, quedando cada intento en una mera insinuación. La entrada de Jorgensen no cambió demasiado la trama, aunque poco a poco todas las miradas se empezaron a depositar en un cada vez más ocupado –y siempre seguro, sin fallas– Schmeichel.

El entrenador balcánico acertó en hacer entrar a Mateo Kovacic por Brozovic, dándole más físico, recuperación y prolijidad a un mediocampo partido en dos y por completo lanzado al ataque sobre el final de los noventa minutos. Al anularse mutuamente, los dos lados no estaban entregando un gran espectáculo, aunque si una interesante clase de ajedrez con movimientos muy calculados y esporádicos.

Jorgensen y Eriksen intentaron vencer a Subasic con bastante tibieza, devolviendo el golpe los Modric con un intento de media distancia fallido y Rebic de la mano de un zurdazo controlado por el arquero. El conductor del Real Madrid había logrado salir del letargo, mostrándose mucho más activo y dándole a sus compañeros ese tan importante pase en tres cuartos de cancha.

Abriendo líneas antes del pitazo del colegiado, los de azul oscuro se instalaron cerca de los dominios de Schmeichel y quedaron dispuestos a intercambiar golpe por golpe con su siempre ordenado contrincante. En un contexto más bien anárquico, los dos tuvieron ocasiones que podrían haber quebrado la paridad, pero la ineficacia de sus definidores permitió que se mantuviese una particular justicia en el marcador.

Las acciones en el tiempo suplementario no se corrieron demasiado del guión, quedando quince minutos por lado en cuanto a dominio. Más allá de algunos intentos aislados que forzaron la sólida reacción de dos arqueros en estado de gracia, ni Croacia ni Dinamarca mostraron la rebeldía suficiente como para romper un esquema general excesivamente racional en el que todo parecía estar calculado. Sisto y Kjaer asustaron con sendas ocasiones, pero Modric apareció en todo su esplendor para habilitar con un pase magistral a Rebic –la figura del partido hasta allí– quien fue derribado por su marcador tras eludir a Schmeichel.

Ante la atenta mirada de su padre Peter, leyenda del Manchester United, el jugador del Leicester City se hizo gigante ante el anunciado disparo del número diez y llevó el partido a los siempre temidos penales. Una tanda que fue extraña, ya que Subasic y Schmeichel contuvieron el primer y cuarto disparo dejando todo igualado en dos de cara a los dos intentos finales. El del Mónaco brilló adivinándole el toque a Jorgensen y Rakitic terminó con la faena con un muy buen derechazo cruzado que transportó a Croacia hacia los cuartos de final de Rusia 2018.

Los pupilos de Dalic confirmaron que son candidatos para esta copa del mundo, mucho más ahora que rivales directos como España y Argentina se encuentran fuera de carrera. Tendrán que mejorar en varios aspectos, pero en un partido duro donde hubo que luchar antes que jugar, supieron mostrar solidez defensiva y sin dudas que debieron vencer antes de la prórroga. Dinamarca se retiró con orgullo, siempre apoyada sobre los hombros de una institución que tiene el nombre de Kasper Schmeichel. Si hubo alguien que no mereció los tibios disparos de sus compañeros, fue el arquero del Leicester City, que ahora deberá contentarse con haber sido protagonista central de una histórica definición por penales.