Este miércoles, la FIFA definió la sede de la Copa del Mundo de 2026, que se jugará cuatro años después del Mundial de Qatar. La votación resolvió, por amplia mayoría, que los anfitriones del gran evento serán Estados Unidos, México y Canadá.

Todo lo que involucre a los norteamericanos y a la FIFA despertará sospechas desde que el FBI desató el escándalo que desarmó a la organización rectora del fútbol, llevándose puestos a tesoreros, vice presidentes y al dueño del sillón más importante del fútbol por más de 20 años: Joseph Blatter. Sin embargo, en esta ocasión, parece ser una decision sensata e histórica haberle dado la organización del Mundial 2026, no sólo porque serán tres los países encargados de albergar el Mundial, sino también porque México se convertirá en el primer país en recibir tres veces a esta competición.

La victoria fue abrumadora: 134 en favor del mundial tripartito y 65 votos para la postulante africana, Marruecos. Gianni Infantino, presidente de FIFA, le guiñó el ojo a su destino al concederle a los norteamericanos lo que venían buscando hace algunos años. Ahora será momento de ver cómo se aceitará la relación entre Canadá, organizadora de un Mundial Sub 20 en 2007, Estados Unidos, que recibió la Copa del Mundo en 1994, y México, organizadora en 1970 y 1986.

Luego de Rusia vendrá Qatar y su ostentación constante, para luego llegar a tierras americanas, donde se escribirá un nuevo párrafo en la historia de la competición por dos grandes motivos: será la primera vez que tres países lo organicen, pero también será el primer mundial con un nuevo formato. O por lo menos Infantino así lo piensa.