Por un segundo imaginemos a Messi. El zurdo rosarino encara de derecha a izquierda, deja a dos hombres en el camino con su clásico quiebre de cintura. En el momento, con la cara interna de su pie izquierdo saca esa eterna y sincera caricia a la pelota, clavándola en el palo derecho del arquero: clásico del capitán de la Selección Argentina. En este breve relato, la imaginación pinta de colores albicelestes la camiseta de Lio, o para algún catalán, de blaugrana. Pero, ¿y si fuese la azul marino del FC Gornyak Uchaly?

Imagínense a Adidas dejando que Messi vista una camiseta que no sea de las tres tiras, que por sólo un segundo no existan los multimillonarios contratos y por un error de organización, Messi utilice la casaca del FC Gornyak Uchaly ruso. Luego de criticar la carencia de capacidad de las autoridades por tan burdo error, nos divertiríamos pensando en que ese hecho nunca va a ser olvidado. Messi con la del FC Gornyak Uchaly, qué pinturita para influencers de Instagram y YouTube.

Algo así paso en 1978. ¿Cuándo no en tierras argentas se suceden los experimentos mas atípicos del mundo del deporte rey?. Francia enfrentaba a Hungría. La FIFA insistió con que vistiesen sus camisetas alternativas para que no se confundiese el azul galo y el rojo magiar en las transmisiones blanco y negro de la televisión. Como verán tampoco es nueva la gran influencia de los medios en los Mundiales. Nunca se percataron de que ambas equipaciones alternativas eran blancas. Llegaron al partido y el brasileño Amaldo Coelho, arbitro del encuentro, les dijo a ambas delegaciones que alguno tenia que cambiarse. Pequeño detalle: no estaban en Buenos Aires, donde ambos equipos tenían sus concentraciones, sino en el José María Minella de Mar del Plata.

Nadie había llevado un segundo juego de indumentaria. La desesperación reinaba a pesar de que ninguno de los dos tenía ya chances de acceder a la siguiente fase del Mundial que posteriormente ganaría Argentina. Un pícaro dirigente de Kimberley que andaba por ahí les ofreció los juegos de casacas del Dragón Verde de la Feliz; y ante las escasez de variantes para resolver el conflicto, los franceses no hicieron más que aceptar, dejando por un rato el azul para vestirse con los bastones verdiblancos de los marplatenses.

Al igual que el Napoli en 1934, Cruzeiro en 1950, o bien el Malmö sueco que vistió a Argentina en 1958 cuando los dirigidos por Guillermo Stábile enfrentaron a la Alemania Federal, o finalmente en 1990, con algunas aristas un poco más divertidas, la selección de Costa Rica saltó a la cancha con la casaca del Club Sport La Libertad.

El fútbol ha cambiado. La táctica cambió. A pesar de que muchos renieguen, los contratos no son los mismos y los sentimientos por los colores por parte de los jugadores también han mutado. Sin embargo, el espíritu de los clubes como Kimberley quedará inmortalizado por aquella victoria 3 a 1 de los franceses sobre los húngaros. Hoy, 40 años después, no podemos ni soñar con que algo así vuelva a suceder.

Por Mariano Benedetto.