Tras la última edición en tierras asiáticas (Corea-Japón), la Copa del Mundo regresaba a Europa y Alemania iba a ser testigo de una nueva consagración. A diferencia de las definiciones anteriores donde se daba la presencia de Argentina o Brasil, dos europeos iban a protagonizar la gran final. Italia y Francia fueron los grandes intérpretesen la noche de Berlín, y tras el 1-1 en los 120 minutos, los penales fueron el gran desenlace para este episodio. Todo quedó para la “Azzurra” de Marcelo Lippi que se quedó con una nueva conquista, la cuarta en la historia para este país.

El Mundial iba a llegar a su 18° edición y 32 planteles iban en busca de la gloria en territorio teutón. Como sucede en cada copa, solo dos clasifican al encuentro clave y para llegar allí tuvieron que pasar distintas etapas con sus respectivas dificultades. Los “Tanos”, uno de los más exitosos en este torneo, se ubicaron en el primer lugar de la fase de grupos, sin sufrir derrotas y con tan solo un gol recibido. Mientras que “Les Blues” culminaron dicha etapa como escoltas de su zona. Producto de una victoria y dos empates, finalizaron con un punto encima de Corea del Sur, su máximo perseguidor y de gran tarea en 2002.

Muchos analistas de este gran deporte indican que el plato principal de este tipo de competencias se encuentra en la fase eliminatoria, ya sea por la jerarquía de los clasificados y por la vorágine que se vive en ese tipo de instancias. En este caso, uno presentó un camino más dificultoso debido a que, los galos se midieron ante potencias como España, Brasil y Portugal, mientras que en la vereda de enfrente se vieron las caras solamente ante los alemanes. Los otros dos cotejos restantes se dieron ante rivales de menor nivel como Ucrania y Australia.

Sumado a ello, estas dos selecciones contaron con algunos datos en particular, si se hace referencia en el mano a mano. Por el lado de Italia, se resalta que en ninguno de los tres partidos recibió goles, marcando un estilo pragmático pero al fin y al cabo, muy efectivo. Mientras que su contrincante, ganó por la mínima diferencia tanto en cuartos de final como en semifinal. Sin embargo, todos estos datos iban a quedar de lado al momento de que suene el pitazo inicial en el Estadio Olímpico de Berlín. El 9 de julio, fecha patria en suelo albiceleste, iba a ser el día pactado para conocer al nuevo campeón.

Al igual que en otros encuentros de esta talla, la planilla de ambos iba a mostrar a muchísimas figuras. De un bando aparecían nombres como Gianluigi Buffon, Andrea Pirlo, Fabio Cannavaro, y en el otro se observaban a jugadores como Claude Makélélé, Thierry Henry y Zinedine Zidane.La paridad en cuanto a la calidad de futbolistas también se iba a hacer presente en el marcador que logró romperse rápidamente. El cronómetro marcaba el minuto 6 y FlorentMalouda recibió una falta en el área por parte de Marco Materazzi. El árbitro argentino Horacio Elizondo no dudó y sancionó el penal, que fue ejecutado por Zidane. El ex Real Madrid marcó el 1-0 con una gran exquisitez pero el resultado iba a ser modificado unos minutos después.

Ambos generaban situaciones de peligro y antes de llegar a los 20’, la balanza se equilibró con la anotación de Materazzi. Todo empezó con un tiro de esquina en los pies de Pirlo y por el segundo palo, apareció el central para batir el arco defendido por Fabien Barthez. Tiempo después, se repitió la misma jugada con los mismos futbolistas pero un foul en ofensiva disminuyó los nervios de su rival. Los dos equipos no cesaron su nivel de juego y el primer tiempo culminó igualado en uno con los goles de Zidane y Materazzi, dos autores principales de un episodio en particular.

En el complemento, pudo llegar el tercer grito sagrado en ambos seleccionados. Por el lado italiano, Luca Toni fue el más temerario en la ofensiva. El delantero, que había anticipado antes con un testazo en el travesaño, anotó por la misma vía pero este fue anulado por posición adelantada. Del otro lado, Henry era la principal carta en ataque y tuvo sus ocasiones aunque nunca pudo vencer la valla de ‘Gigi’ Buffon. Entre el ida y vuelta constante, Elizondo marcó el final los 90 minutos y el partido se trasladaba al tiempo suplementario. En los próximos 15’, continuaron las aproximaciones a los arcos y una de las jugadas más concretas fue un cabezazo de Zidane que fue atajado de gran manera por el histórico arquero de Juventus.

Cuando los franceses habían dominado en la primera parte de la prórroga, llegó un durísimo golpe en el último tramodel encuentro. Mientras Del Piero cometía una falta en ofensiva y se peleaba por la pelota junto a otros dos rivales, Materazzi se encontraba tirado en el verde césped. A los 110’, cuando el balón se encontraba en otro sector, el defensor y Zizou entraron en un ida y vuelta de palabras tras un tironeo de camiseta, y este terminó con un cabezazo en el pecho del zaguero. Elizondo consultó con el juez de línea y rápidamente tomo una resolución: tarjeta roja y Francia quedaba un jugador menos.

No hubo tiempo para más y la reedición de la final que se dio seis años atrás por la Eurocopa, iba a concluir con los disparos desde los doce pasos. Dentro de esa resolucióndonde se priorizan los nervios, la “Azzurra” iba a ser superior marcando una efectividad del 100% con los remates de Pirlo, Materazzi, De Rossi, Del Piero y Grosso. Francia anotó cuatro de ellos, pero en su segundo remate, David Trezeguet estrelló la pelota en el travesaño. Esto le costó el campeonato y los dirigidos por Lippi se coronaron por cuarta vez (anteriormente se dio en 1934, 1938 y 1982), siendo el segundo país con más éxitos, siendo superado por Brasil con cinco.