Siendo el caballito de batalla de los Emiratos Árabes Unidos, el Al-Ain se plantea como una amenaza muy real para River Plate de cara a su debut en el Mundial de Clubes 2018. Si bien debido a su historia, presente y jerarquía (tanto individual como colectiva), el cuadro argentino es ampliamente favorito, hay algunas cuestiones que Marcelo Gallardo y sus pupilos tendrán que atender de cara a las semifinales que se jugarán el próximo martes a las 13:30 de nuestro país.

Luego de superar con muchísima angustia (dando vuelta un 0-3) al Team Wellington en el Playoff mediante los siempre azarosos penales tras igualar en tres goles durante los 120 minutos, el cuadro dirigido por el croata Zoran Mamic llegaba a los Cuartos de Final con algunas dudas en lo referido a lo futbolístico. Para su fortuna, una contundente victoria por 3-0 ante un rival inferior como Espérance de Túnez le permitirá encarar la preparación para el choque ante el campeón de la Copa Libertadores de América con mucho más optimismo. Aún considerando sus –variadas– falencias, no hay que descartar la posibilidad de un batacazo, más cuando se tienen en cuenta las virtudes que posee el Al-Ain.

Una vez planteado esto, la pregunta que hay que hacerse es la siguiente: ¿Cuáles son las razones que lo convierten en un rival de peligro para River Plate? Primero, hay que comenzar por el dispositivo táctico elegido por su entrenador, un 4-4-2 flexible que se apoya en un mediocampo que combina lucha con técnica y que en cada avance desprende a uno de sus volantes exteriores para configurar una delantera de tres hombres.

Contra el Esperanza, Mamic planteó el siguiente once: Khalid Essa; Mohamed Ahmad, Ismail Ahmed, Mohammed Fayez, Shiotani; Bandar Mohammed, Tongo Doumbia, Ahmed Barman, Rayan Yaslam Mohamad; Caio y El-Shahat.

Lo que sorprendió a muchos fue la ausencia del mundialista sueco Marcus Berg en el once inicial para ambos choques preliminares, pero lo cierto es que muy posiblemente haya sido una decisión en pos de cuidarlo (estuvo con fiebre en los días previos), ya que sus once goles en doce encuentros disputados con la camiseta del Al-Ain hablan por sí solos. Ni hablar del hecho de que, a pesar de estar disminuido en lo físico, su ingreso ante el Wellington fue clave ya que igualó el encuentro casi sobre el cierre cuando la decepción inundaba el estadio.

Como bien se pudo ver en cada uno de los goles anotados ante el cuadro tunecino, el Al-Ain es inteligente a la hora de aprovechar la altura de sus defensores y delanteros en la pelota parada, tiene mucha prolijidad a la hora de salir desde su arco, realiza la transición al ataque a toda velocidad y posee atacantes capaces de realizar triangulaciones en velocidad junto a los laterales cerca del área rival.

Los asiáticos sufrieron muy poco ante el Espérance, pero también dejaron expuestos todos sus flancos débiles: el primero es que sus dos centrales son muy robustos y, debido a su avanzada edad, no están capacitados para controlar a delanteros veloces y de mayor jerarquía; el segundo se relaciona con la falta de experiencia y roce internacional de toda su escuadra, salvo en el caso de Marcus Berg, que en sus pocos minutos en cancha exhibió todo eso que lo distingue de sus compañeros; y en tercer lugar, el hecho de que en inferioridad apuestan al pelotazo largo para sus delanteros, impidiendo que la fluidez y conexión entre la defensa y el mediocampo sea la ideal.

Como se puede ver, River tiene muchas ventajas de cara a la semifinal del martes, pero no por ello puede descuidarse o confiarse. Si hay alguien que sabe lo traicioneros que son los duelos mano a mano es Marcelo Gallardo: una misma jugada puede tanto catapultar a un equipo a la gloria como convertirlo en un apéndice en la historia del fútbol. En una hipotética final contra el Real Madrid, habrá poco que perder para el cuadro Millonario, siendo esta la razón por la que se sostiene –de manera acertada– que el partido más relevante es el que compra el pasaje a la instancia decisiva.

Por Rodrigo López Vázquez.