Después de un año en el que su rendimiento fue de menor a mayor, Mick Schumacher se proclamó campeón de la F3 y fue promovido hoy a la F2, el próximo paso lógico de la carrera de cualquier joven piloto, donde se medirá con rivales mucho más duros que los que enfrentó este año.

El hijo del siete veces campeón mundial seguirá corriendo con la escudería Prema Theodore Racing, con la cual se desarrolló durante toda su carrera profesional y que cuenta con equipos en F4, F3 y F2. Este será el quinto año consecutivo del alemán con la marca italiana desde su debut en Fórmula 4 en 2015.

Junto a Prema, en 2018 Schumacher obtuvo ocho victorias, 14 podios y siete pole positions que le bastaron para quedarse con el título de F3 por sobre Dan Ticktum, el joven prospecto de Red Bull cuyo nombre circuló por el paddock de la Fórmula 1 a lo largo de la temporada.

La expectativa por la llegada de Mick no solo se debe a su apellido, que lo ayudó en sus primeros años en F4 y F3 respectivamente cuando no encontraba el ritmo ni se adaptaba a la competencia, sino también por la evolución que mostró en estos cuatro años.

Si bien su primera temporada en cada categoría le sirvió de aprendizaje, a la segunda aparecía totalmente renovado, con mayor conocimiento del entorno y, en consecuencia, más competitivo. Así fue como, por ejemplo, se quedó con las tres carreras de un fin de semana (Hockenheim), algo que pocos pudieron hacer y, entre los que lo lograron, figuran nombres como el de Max Verstappen y Lance Stroll, actualmente consolidados en la Fórmula 1.

El 2019 de Schumacher es, aún, una incógnita. Algunos sostienen que su primer año en la F2 no estará acompañado de buenos resultados, basados en las experiencias anteriores de los cambios de categorías del alemán, mientras que otros afirman que la madurez que mostró en 2018 es digna de un piloto que puede ser contendiente al título de la segunda categoría del automovilismo internacional.

Por Facundo Osa.